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domingo, 9 de marzo de 2014

MASTOCITOSIS Y REACCIONES ALÉRGICAS. PICADURAS MORTALES

Los mastocitos, también llamados células cebadas, son células mieloides, mesénquimatosas que forman parte del tejido conjuntivo. Se producen en la médula ósea (de ahí el adjetivo de mieloides) a partir de las células madre, y desde allí migran a prácticamente el resto de los tejidos del organismo. Los mastocitos se comportan como mediadores en los procesos alérgicos e inflamatorios. Son capaces de sintetizar y almacenar histamina y heparina. La histamina actúa en las reacciones alérgicas, siendo la sustancia responsable en gran medida de los síntomas, de ahí que para atenuar estas reacciones se empleen antihistamínicos. En cuanto a la heparina, se trata de un potente anticoagulante.

Los mastocitos se encuentran en gran proporción en el moco que se segrega en los procesos de alergia estacional. Los describió por primera vez Paul Ehrlich en 1877, que los llamó células cebadas por su capacidad para llenarse, aumentando enormemente su tamaño. También los llamó células granulares del tejido conectivo, porque su citoplasma aparece repleto de gránulos, donde no sólo se almacenan histamina y heparina, sino muchas otras sustancias como proteasas, (triptasa, quimasa, carboxipeptidasa…) que son capaces de atraer linfocitos, neutrófilos y eosinófilos. Además de su actuación en las reacciones alérgicas, los mastocitos tienen un papel importante como primera línea de defensa frente a muchos parásitos y bacterias, principalmente en el tubo digestivo.


La mastocitosis sistémica se caracteriza por una proliferación anormalmente elevada de mastocitos en el organismo. No sólo en la piel (mastocitosis cutánea) sino en otros órganos como huesos, hígado, bazo, tubo digestivo o ganglos linfáticos. Los pacientes sufren una fibrosis tisular, y presentan un conjunto de síntomas producidos por la liberación de sustancias biológicas activas, actuando a nivel local (urticaria, dolores cólicos, gastritis o úlceras pépticas), y a nivel general (cefaleas, prurito, rubor, dolores óseos, colapso vascular o síntomas neuropsiquiátricos). Los síntomas se agravan con la ingestión de alcohol, antiinflamatorios o codeína.


Existe una forma poco conocida de mastocitosis relacionada con la picadura de avispas y abejas. Se produce en pacientes con antecedentes de reacciones anafilácticas graves después de recibir la picadura de alguno de estos insectos. Lo curioso es que en muchos de estos casos las pruebas cutáneas de prick e intradermoreacción resultan poco significativas o incluso negativas a los venenos de abeja y avispa. En estos pacientes es de vital importancia descartar una posible mastocitosis sistémica crónica, que pudiera ser la verdadera causa de su proceso y de sus episodios de shock anafiláctico. Lo aconsejable en estos casos es recomendar el abandono del consumo de alcohol y antiinflamatorios, y adiestrar a los pacientes en el uso de jeringas precargadas de adrenalina para autoinyección en caso de picaduras de insectos o de shock anafiláctico espontáneo o provocado por otra causa.


Así que ya sabéis: mucho cuidado si habéis tenido reacciones importantes a las picaduras. Puede que os estén etiquetando erróneamente como alérgicos, cuando en realidad se trate de la forma de mastocitosis sistémica que acabamos de describir. La superespecialización de la medicina actual nos ha proporcionado grandes avances en todas las parcelas, y resulta en general muy positiva. Sin embargo, a veces se echa en falta la visión de conjunto que aportaban aquellos viejos médicos de cabecera. El profe Bigotini cuando está un poco pocho, llama al doctor Cataplasma, que es un monigote de tebeo como él. Le receta unos remedios antiquísimos que no se encuentran en las farmacias modernas, juegan una partidita, recuerdan viejas películas y, si lo autoriza el galeno, toman un par de copas. Si eres tan joven que no conoces al doctor Cataplasma, haz clic en el dibujo, anda.

La medicina ha avanzado tanto que cada vez es más difícil encontrar a alguien completamente sano. Aldous Huxley.