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domingo, 23 de marzo de 2014

TRANSGÉNICOS: RIESGOS, BENEFICIOS Y DESINFORMACIÓN

La ingeniería genética, y en general cualquier asunto relacionado con el genoma y la experimentación biológica, suele llevar a cuestas el sambenito de peligrosa para la salud y para el medio ambiente. Se trata de una etiqueta la mayor parte de las veces injusta y proveniente de personas pertenecientes a colectivos ecologistas o naturalistas, seguramente bienintencionadas, pero por desgracia escasamente informadas.
Quienes trabajan con ADN (quienes “lo manipulan”, como hemos leído y escuchado en ocasiones) pasan por ser una especie de científicos locos escondidos en laboratorios secretos. Pues bien, nada más incierto. Seamos sensatos. El análisis del genoma y los avances en su conocimiento, constituyen la más importante revolución científica, desde los comienzos de la era informática, con la que por cierto mantienen estrechos lazos.


Digámoslo claramente: los genes no son otra cosa que cadenas de nucleótidos capaces de reproducir su disposición, y sobre todo, capaces de “hacer cosas”. Cosas muy visibles como conseguir que al embrión de un perro le crezca la cola o como impedir que le crezca a un embrión humano. Y cosas menos visibles, pero igualmente importantes, como conseguir que podamos digerir determinados alimentos o que desarrollemos defensas contra los microbios. El grueso del trabajo de los genes tiene lugar a nivel molecular, por eso no es espectacular, pero podéis estar seguros de que resulta imprescindible.


En nuestro genoma hay fragmentos muy voluminosos y por supuesto, numerosos genes que compartimos no sólo con otros mamíferos, sino incluso con insectos, plantas, hongos, bacterias o virus. Recordad que en definitiva todos los seres vivos que habitamos la Tierra, descendemos de un único ancestro, un primitivo ser viviente unicelular, cuyas funciones esenciales hemos heredado todos, desde la bacteria más simple al tigre siberiano o al delantero centro de Brasil, pasando por el gusano o el pino piñonero.


En España sólo existe un cultivo transgénico: el de maíz con destino a la alimentación animal que se produce en el Valle del Ebro. ¿Qué tiene de malo o de peligroso? En sí mismo, absolutamente nada.
¿Qué tiene de malo un tomate transgénico? Si han introducido en su ADN un fragmento procedente de un pez ártico, el tomate podrá sobrevivir con más éxito a las bajas temperaturas. Otro fragmento procedente de un frutal le aportará mejor sabor, otro le hará resistente al pulgón y quizá otro logrará que dure más tiempo terso y firme. En definitiva será un tomate mejor. Después de todo, la genética es un método infinitamente más rápido y eficaz que los tradicionales cruces e injertos que los agricultores y los ganaderos han realizado siempre para mejorar el rendimiento de los cultivos y las cualidades de sus productos.


Entonces, ¿dónde está el problema? Sencillo: un tomate así de sabroso y rentable tendría gran demanda. Tanta que en poco tiempo la mayoría de los cultivadores no querrían trabajar otras variedades, y se correría el riesgo de que muchas de ellas desaparecieran. En eso precisamente radica el peligro, en la disminución de biodiversidad.
La biodiversidad es importante, porque si en el futuro surgiera una plaga que atacara a los tomates, incluidos los nuevos y flamantes tomates transgénicos, sería vital contar con un amplio abanico de variedades, ya que entre ellas habría una o varias que resistirían a la nueva plaga, y de esta forma no nos quedaríamos sin tomates.


Por eso es esencial que determinados organismos nacionales o supranacionales se ocupen de preservar las diferentes variedades. Paralelamente al desarrollo de los cultivos transgénicos, deberían crearse bancos de especies domésticas y salvajes. Eso es todo. Por lo demás, tener la seguridad de que no van a salirnos escamas ni vamos a desarrollar un cáncer por consumir alimentos transgénicos que hayan sido cuidadosamente diseñados y debidamente testados.

Recuerda siempre que eres un ser único e irrepetible… exactamente igual que todos los demás.