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miércoles, 2 de abril de 2014

PLATÓN Y LO PLATÓNICO

Platón fue un ateniense que tal vez nació en la vecina localidad de Egina hacia 482 a.C. Hijo de familia ilustre, varios de sus parientes formaron parte de la aristocracia que gobernó Atenas en su tiempo. Desde niño demostró sus grandes dotes intelectuales y su amor por el estudio. En su juventud se interesó por la poesía, el drama, la pintura y las artes en general. Si hemos de creer a algunos de sus biógrafos, Platón fue autor de epigramas que hoy se tienen por auténticos, y hasta de alguna tragedia actualmente perdida. Al parecer su relación con Sócrates le apartó de las artes hasta el punto de que en su obra República llegó a abominar de ellas. También ocupó parte de su tiempo en el ejercicio gimnástico y atlético. Existen menciones de su participación en las guerras del Peloponeso y el istmo de Corinto, y se le describe como un hombre de aspecto físico notable, si bien su nombre, Platón (Platon), puede traducirse como “grandes omóplatos”, por lo que posiblemente sería cargado de espaldas.


Aunque tuvo otros maestros anteriores, fue Sócrates quien ejerció en Platón una mayor influencia. En sus Diálogos recogió lo más destacado del pensamiento socrático, y según Aristóteles, en Sócrates hay que buscar el germen de la teoría de las ideas platónica. No está claro si Platón asistió personalmente al suicidio-ejecución a que fue condenado su maestro. Lo que está fuera de duda es que fue uno de sus discípulos predilectos, y desde luego su más sobresaliente sucesor intelectual. Tras la muerte de Sócrates, Platón viajó a Megara, donde se relacionó con Euclides, el fundador de la escuela megárica de inspiración socrática. En Cirene trató con el matemático Teodoro y con Aristipo, también socrático y fundador de la escuela cirenaica. En sus viajes a Italia y Sicilia trabó conocimiento con eléatas y pitagóricos. En Siracusa conoció a Dión, a quien instruyó en la doctrina socrática.

De vuelta en Atenas, Platón adquirió una finca en las afueras, al parecer en un emplazamiento dedicado al héroe Academo, por lo que su escuela recibió el nombre de Academia. Según la historiografía más fiable, la Academia platónica funcionó ininterrumpidamente hasta 86 a.C., año en que fue destruida por los romanos. Reconstruida poco después, la escuela siguió impartiendo enseñanzas hasta su cierre definitivo por el emperador cristiano Justiniano en 529. Para legalizar una sociedad que poseyera tierras y locales propios, parece que en la época de Platón era requisito imprescindible registrarla como thíasos o lugar de culto. Platón eligió como divinidades a las Musas, que ejercían la protección de la educación. Nuestro protagonista de la ciencia de hoy murió en 347 a.C., a la edad de 80 o 81 años.


En cuanto a las obras de Platón, con las únicas excepciones de las Cartas y la Apología, todas están escritas en forma de Diálogos, un estilo común en su época. Platón forzosamente tuvo que ser un autor prolífico. Lo prueba el que hasta nuestros días han llegado decenas de sus obras, acaso en buena parte corrompidas por la inevitable sucesión de copistas y comentaristas de los siglos anteriores a la imprenta. Biblioteca Bigotini os propone la lectura de Apología de Sócrates (haced clic en la imagen). Se trata de la versión digital de uno de los escritos platónicos de juventud, donde es el mismo maestro en primera persona quien se defiende de sus acusadores. Espero que de su lectura obtengáis algún pasatiempo y no poca enseñanza.

El que se jacta de sus certezas acaba dudando de todo. La duda permanente es el único camino para alcanzar alguna certeza.