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sábado, 30 de agosto de 2014

LOS PRIMEROS ANFIBIOS. CONQUISTANDO LA TIERRA FIRME

Ichthyostega es considerado por muchos especialistas el anfibio fósil más antiguo de los conocidos hasta la fecha. Fue hallado en rocas correspondientes a finales del Devónico en Groenlandia. Un territorio que entonces (hace unos 370 millones de años) formaba parte de un continente euroamericano, después fraccionado, y ocupaba una latitud ecuatorial. Este Ichthyostega, o algún otro de sus parientes próximos como Seymouria, debió ser el primer vertebrado que abandonó el medio acuático, al menos parcialmente, para habitar la tierra firme. Los paleontólogos coinciden en que los primeros anfibios evolucionaron a partir de uno de los grupos de peces de aletas carnosas: los peces pulmonados o dipnoos, que han sobrevivido hasta el presente, o los extinguidos ripidistios. Mirad el esquema que ilustra la evolución de las patas delanteras, y juzgad vosotros mismos.


Ripidistio
Los numerosos paleontólogos que consideran que los anfibios evolucionaron a partir de peces ripidistios, se basan en la notable similitud entre los huesos del cráneo y de las aletas-patas de ambos grupos. No obstante, quienes sostienen que los ancestros de los anfibios fueron los dipnoos o peces pulmonados, apuntan al desarrollo de los pulmones, los orificios nasales y las extremidades. El análisis del ADN parece dar la razón a estos últimos, si bien, la extinción de los ripidistios hace imposible llegar a una conclusión definitiva.

Dipnoo

Aunque una de las características más evidentes de los anfibios actuales es la humedad de su piel, este es realmente uno de los rasgos que más los diferencian de sus remotos antepasados. La mayoría de los anfibios modernos  complementan la respiración pulmonar con el intercambio respiratorio a través de la piel húmeda. Sin embargo, muchos anfibios paleozoicos tenían el cuerpo revestido de escamas o corazas, y a diferencia de sus modernos descendientes, llegaron a alcanzar en muchos casos tamaños considerables. Los anfibios arcaicos debieron tener la piel impermeable, escamosa y con la consistencia del cuero, para evitar la pérdida de agua. Lo más probable es que fueran animales lentos y voluminosos.


Pero acaso lo más interesante sea averiguar el mecanismo por el cual aquellos anfibios primitivos abandonaron las aguas para habitar la tierra, haciendo frente a temperaturas variables y al consiguiente riesgo de deshidratación. En principio se creyó que las responsables pudieron haber sido las sequías estacionales. Un pez capaz de abandonar el barrizal a punto de secarse en que se había convertido su laguna, para aventurarse caminando unos metros hasta la charca más próxima, habría tenido mayores oportunidades de supervivencia. No obstante, siguiendo la teoría más reciente, parece incluso más probable que lo que empujó a los peces hasta más allá de las orillas pudo haber sido la presión de los predadores. Es muy posible que para huir de ciertos monstruos armados con dentaduras terroríficas, los jóvenes sarcopterigios emplearan sus robustas aletas carnosas para ganar la tierra firme, y sus pulmones para respirar el aire oxigenado de aquel Devónico tardío. Una vez en tierra habrían sobrevivido fácilmente alimentándose de los numerosos insectos, gusanos, caracoles y demás invertebrados que habitaban el barro y la húmeda vegetación de las orillas.


Nos hallamos por lo tanto, ante un momento determinante en la Historia de la evolución y de la biología. Cuando los primeros vertebrados pisaron la tierra, abrieron un camino que paso a paso, primero torpemente, y más tarde a grandes zancadas, nos ha traído hasta el presente. El profesor Bigotini, aun a costa de agarrar un buen catarro, se descubre quitándose el sombrero ante tan glorioso y decisivo acontecimiento. Trepa la pequeña lagartija por la vieja y soleada pared, le hace un guiño con uno de sus ojillos traviesos, y el profe sonríe bajo su enorme bigote, porque sabe que es un guiño que ha recorrido cientos de millones de años. Siendo viejo como el mundo, se renueva cada día y cada minuto cuando los tímidos brotes surgen de la tierra y cuando las pequeñas criaturas salen de su cascarón.

Todo en esta vida tiene un principio y un final. Donde esto se aprecia con mayor claridad es en las longanizas.