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miércoles, 6 de agosto de 2014

VICENTE ALEIXANDRE Y LOS SUEÑOS QUE PASAN SIN RUIDO

La poesía intimista de Vicente Aleixandre hace de él un oasis de serenidad en el clamoroso universo literario de aquella histórica generación del 27. Nació en Sevilla un 26 de abril de 1898, fecha clave de la definitiva desaparición de una España antañona e imposible. Se crió en el seno de una familia burguesa. Estudió Derecho y Comercio, y descubrió su vocación literaria durante unas vacaciones en la sierra de Ávila. En 1917 conoció en Las Navas del Marqués a Dámaso Alonso, y esta amistad hizo nacer en el joven Vicente una profunda pasión por la poesía. En la década de los 20, la tuberculosis lo postró en el lecho. Finalmente salió con vida (una suerte en plena era preantibiótica), pero con un riñón de menos, y tal vez con ese plus de sensibilidad que parece premiar a todos los tísicos que sobreviven.

Publicó sus primeros poemas en la Revista de Occidente, y en aquel Madrid bullente de protorepublicanismo conoció a Lorca, a Alberti, a Cernuda, a Altolaguirre…, volviendo a contraer una infección para la que ya no encontró cura, acaso a fuerza de no buscarla: es el veneno que ataca a los poetas más exquisitos, convirtiéndolos en adoradores de la diosa sanguinaria que devora a sus hijos. Pasó la guerra como un huracán. La guerra truncó su relación amorosa con Andrés Acero. Después de eso, Vicente eligió ocultar su condición homosexual para no disgustar a su hermana, y eligió también permanecer en aquella España castrada y triste del general. Había obtenido el Premio Nacional de Literatura en 1933, obtuvo el de la Crítica en 1963 y 1969, y el Nobel en 1977. Biblioteca Bigotini ha rescatado de la red una brevísima y modesta antología digitalizada. Haced clic en la imagen de la portada, y regalaos unos minutos con cuatro poemas de Aleixandre. Dejaos empapar por su serenidad y disfrutad de su lectura.

Asombrarse es empezar a comprender. José Ortega y Gasset.