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martes, 30 de septiembre de 2014

EMPÉDOCLES DE AGRIGENTO, EL PRIMER EVOLUCIONISTA

Empédocles, filósofo, científico y político presocrático nacido en la ciudad siciliana de Agrigento hacia 490 a.C., formuló por vez primera la teoría de las cuatro raíces (fuego, agua, tierra y aire), que más tarde Aristóteles llamó los cuatro elementos, como principios generadores de la vida y de toda materia universal. Explicaba el movimiento y los cambios que se producen en las cosas, a través de dos fuerzas básicas a las que están siempre sometidas las cuatro raíces: generación y corrupción. Ambas darían lugar a la vida y la muerte, y a la sucesión de cuanta materia viva nos rodea. Del equilibrio de estas dos fuerzas dependerían la armonía y la belleza. Y es que Empédocles también tenía sus barruntos de poeta. Actualmente se conservan dos de sus composiciones poéticas: De la naturaleza y Las purificaciones, si bien recientes investigaciones apuntan a que se trataría de dos fragmentos de una obra más extensa.


En el terreno científico, Empédocles experimentó con la presión del aire por medio de clepsidras, según recoge Aristóteles. Asimismo se le atribuyen las primeras investigaciones sobre la fuerza centrífuga.
En astronomía nuestro hombre fue el primero en suponer con acierto, que la Luna no genera luz propia, sino que se trata de un simple reflejo. Lamentablemente, estropeó su genial intuición añadiendo idéntico juicio relativo al Sol. Fue también pionero en considerar a la Tierra una esfera, apreciación que le sitúa en la vanguardia de la observación astronómica. Empedocles falleció hacia 430, probablemente de muerte natural en el Peloponeso, aunque algunos biógrafos de imaginación exaltada, afirman que murió lanzándose al cráter del Etna, para hallar así un final digno de su grandeza. Ya hemos visto que a menudo a los grandes hombres se les suele envolver en este tipo de misteriosas fantasías.

En el título calificábamos a Empédocles de Agrigento como “el primer evolucionista”. Bueno, admito que puede ser un poco exagerado, pero juzgad vosotros mismos leyendo este breve párrafo de su pluma, citado por Mason en su Historia de las ciencias:
Muchas especies de criaturas vivas tienen que haber sido incapaces de propagar su linaje, ya que en cada una de las especies hoy día existentes, o el ingenio o el valor o la velocidad han protegido desde el principio su existencia, conservándola.
No me digáis que no hay aquí un embrión de las ideas darwinianas de selección natural y supervivencia de los más aptos. Teniendo en cuenta que la formulación es de hace unos mil quinientos años, el profesor Bigotini se quita respetuosamente el sombrero ante Empédocles. Si pudiera se quitaría también la nariz, pero tememos que no hay cirujano plástico que se atreva con semejante apéndice.


Quien no puede pensar es un idiota. Quien no se atreve a pensar es un cobarde. Quien no quiere pensar es un fanático.