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viernes, 17 de octubre de 2014

LA TRAVIATA O EL TRIUNFO DE LAS EMOCIONES


Giuseppe Verdi
La Traviata se estrenó en el teatro La Fenice de Venecia el 6 de marzo de 1853. A partir del libreto de Francesco María Piave, su autor Giuseppe Verdi compuso una partitura intensa y dramática, que se había de convertir en la más emblemática de la ópera italiana y por extensión de la lírica mundial. Verdi, que entonces ya era un autor reconocido y consagrado, apostó fuerte al elegir el argumento basado en la célebre novela La dama de las camelias de Alejandro Dumas hijo, publicada sólo un año antes, en 1852. La Traviata forma junto a Rigoletto (1851) e Il Trovatore (1853), la trilogía verdiana de óperas románticas, pero a diferencia de las otras dos que recrean escenarios de épocas remotas, La Traviata escenificaba un romanticismo contemporáneo y muy actual en su momento. El riesgo se incrementaba aun más por lo escandaloso del argumento. Una señora declaró al salir del estreno: in fondo è una puttana (en el fondo no es más que una puta). Verdi lo esperaba, pero también era consciente (algo infrecuente en los artistas) de que su obra tendría un recorrido mucho mayor, y de que su creación trascendería lo temporal, convirtiéndose en un monumento operístico.

En efecto, así fue. A pesar de la oposición en el estreno de parte del público y de la crítica más conservadora, sólo un año más tarde, en 1854, La Traviata se repuso en San Benedetto, el otro teatro veneciano, con un éxito clamoroso. La protagonista de la ficción, Violetta Valéry, la “Traviata” o extraviada, guardaba ciertas similitudes con Giuseppina Strepponi, la compañera sentimental del compositor. Como en otras obras de Verdi, desde el principio se presenta al espectador el conflicto entre el plano personal e íntimo del personaje central, y su posición social enfrentada a las imposiciones morales. Los acontecimientos se desarrollan en tres actos. En el primero, que tiene lugar en los salones de la protagonista, se produce el enamoramiento de Violetta, célebre cortesana parisina, y el joven Alfredo Germont. El segundo comienza en una casa de campo de las afueras de París, donde la pareja de enamorados vive un feliz pero efímero idilio, truncado por la visita de Giorgio Germont, el padre de Alfredo. Monsieur Germont insiste en que su relación debe terminar en nombre de las convenciones sociales. Presionada por los ruegos del padre y consciente de que la progresión de su tuberculosis le deja un estrecho margen de vida, Violetta accede noblemente al sacrificio, prometiendo abandonar a Alfredo. La siguiente escena, situada en el palacio de Flora, otra cortesana amiga de Violetta, concluye con un Alfredo despechado y desesperado, que arroja a la cara de Violetta el dinero que acaba de ganar en el juego.


En el definitivo tercer acto encontramos a una Violetta ya muy enferma en la cama de su dormitorio. Le atienden Annina, su doncella, y el doctor Grenvil. Alfredo, que ya conoce toda la verdad, y está enterado del sacrificio de su amada, corre a su cabecera a implorarle perdón y jurarle amor eterno. Vuelve la felicidad a la pareja, y juntos comienzan a hacer planes, henchidos de ilusión. Repentinamente Violetta palidece y literalmente agoniza. Llegan Germont padre y el doctor Grenvil, pero es ya demasiado tarde. Violetta expira finalmente en los brazos de Alfredo.


A lo largo de la historia operística varias han sido las Violettas notables. Acaso ninguna otra como María Callas, que en 1955, en la plenitud de su carrera, interpretó una Traviata que marcó un antes y un después en la historia de la obra. Las traviatas anteriores habían sido cortesanas avergonzadas de su condición. La gran cantante griega hizo una Violetta fuerte, nada ingenua y de una estatura trágica singular. Por vez primera dotó al papel de una dignidad y un orgullo sin precedentes. Muchas otras sopranos han seguido después los pasos de la Callas. Hoy en el blog del profesor Bigotini os ofrecemos el enlace para visionar (y sobre todo, escuchar) la versión digital más lograda de cuantas pueden encontrarse en la red. Se trata de una grabación en directo realizada en el Festival de Salzburgo de 2005. Carlo Rizzi dirige la Filarmónica de Viena. En los papeles masculinos dos especialistas: Rolando Villazón como Alfredo y Thomas Hampson como monsieur Germont. Pero lo más notable es la presencia de una Violetta monumental: Anna Netrebko, soprano que une a su voz extraordinaria, unas dotes dramáticas excepcionales. En la plenitud de su talento y su belleza, la Netrebko es apasionada, intensa, sexy y de una contundencia interpretativa asombrosa. Además la puesta en escena, moderna a la vez que rigurosa, contribuye a acentuar si cabe, el dramatismo y la emoción. Si como al viejo profe y a mí, os gusta la lírica y os gusta La Traviata, haced clic en la imagen y preparaos para sentir un torbellino de emociones, y hasta para soltar alguna lagrimita. Que disfrutéis.

La obra tiene unos decorados maravillosos. Lástima que los actores se empeñen en ponerse delante. Alexander Woollcott (crítico teatral).