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viernes, 28 de noviembre de 2014

VIRUS VARICELA-ZOSTER O LA ESTRATEGIA DE LA SUPERVIVENCIA

El virus varicela-zoster, también conocido por sus siglas en inglés HHV-3 o virus del herpes humano tipo 3, es el causante de dos enfermedades diferentes: la varicela, infección vírica que generalmente (aunque no siempre) afecta a los niños, y el herpes zoster, que suele presentarse en adultos. Su único reservorio conocido hasta la fecha es el ser humano, por lo que con toda probabilidad esta especie vírica ha evolucionado paralelamente a la nuestra, a partir de algún antepasado de la extensa familia de los herpesvirus, muchos de cuyos géneros y especies afectan a los grandes simios. El HHV-3 presenta una morfología singular. Su membrana tiene la forma de un perfecto icosaedro. Su doble cadena de ADN queda encapsulada en el interior de un tegumento proteico, protegido a su vez por una capa de lípidos repletos de glicoproteínas, que se proyectan al exterior a modo de ganchos de abordaje, y permiten al virión anclarse firmemente a los tejidos del sistema nervioso de su hospedador.


El virus ingresa generalmente por vía respiratoria, y tiene uno de los índices de contagio más altos que se conocen. Por eso cuando en las escuelas o las guarderías se declara el primer caso, es habitual que la inmensa mayoría de los otros niños resulten afectados. Los portadores son potenciales fuentes de contagio desde unos pocos días antes de iniciarse los síntomas, así que en esta fase resulta imposible identificar el riesgo. Se producen unas lesiones puntiformes muy pruriginosas que comienzan en el tronco y van extendiéndose hacia el rostro, las extremidades, y el resto de la piel y las mucosas. Las lesiones evolucionan desde manchas rojas, pasando por vesículas llenas de líquido, hasta costras duras. Es común la coincidencia de los tres tipos de lesiones, lo que permite identificar y diagnosticar la varicela.


Cuando todas las lesiones han evolucionado a costras el paciente deja de ser contagioso. Además del intenso prurito, la varicela cursa con fiebre y síntomas respiratorios. Aunque generalmente es de curso leve, pueden existir casos de pronóstico sombrío, particularmente cuando la enfermedad afecta a pacientes adultos, a enfermos crónicos o inmunodeprimidos. La infección confiere inmunidad permanente a quienes la han padecido, por lo que no es posible adquirirla por segunda vez. Cualquier caso que se reporte en este sentido, se debe con seguridad a un diagnóstico anterior erróneo. El tratamiento debe ser fundamentalmente sintomático, dirigiéndose a aliviar la fiebre, la tos, y sobre todo el prurito, pues conviene recordar que el rascado de las lesiones puede originar marcas permanentes en la piel. En los casos más severos y bajo supervisión médica, pueden emplearse antivirales del tipo aciclovir.

Hasta aquí la primera fase de la infección. Pero en el título nos hemos referido a la estrategia de supervivencia del HHV-3. Y es que este virus ha desarrollado un comportamiento tan asombroso como insólito. En efecto, cuando los síntomas de la varicela han cesado, el virión permanece en forma latente en el sistema nervioso de las personas infectadas. Fundamentalmente en el área del nervio trigémino y el ganglio espinal. En entre el 10 y el 20% de los casos, y por motivos aun no bien aclarados, el virus se reactiva, produciendo la enfermedad conocida como herpes zoster o en términos vulgares culebrilla o fuego de San Antonio. Se trata de una afección neurológica, en la que el virus invade una rama nerviosa concreta, siguiendo su trayecto. La región costal es la localización más habitual, aunque en ocasiones puede interesar a la rama oftálmica, provocando un herpes zoster oftálmico, un cuadro lacerante, en el que el paciente corre el riesgo de perder el ojo afectado. Una complicación severa es la neuralgia postherpética, especialmente dolorosa. También pueden aparecer dermatomas, mielitis, parálisis motoras, o incluso producirse hepatitis graves en pacientes inmunodeprimidos o debilitados.

A diferencia de la varicela, el herpes zoster no es contagioso en principio. La única posibilidad de transmisión de persona a persona es el contacto directo o inoculación de las secreciones procedentes de las lesiones cutáneas. El tratamiento será fundamentalmente paliativo. Analgésicos para el dolor, incluso opiáceos en los casos más severos. Los antivirales se prescribirán a criterio facultativo, sobre todo para prevenir o mitigar la neuralgia postherpética y el resto de las complicaciones.


Los HHV-3, como el resto de los virus, son parásitos obligados, porque poseen uno solo de los ácidos nucleicos, ADN o ARN (en este caso, ADN). Por lo tanto, necesitan invadir una célula para poder reproducirse, tomando de su hospedador las cadenas de nucleótidos de que carecen. En el 99,9% de los casos, los virus parasitan a las bacterias, que junto a ellos son con enorme diferencia, los seres vivos más abundantes de nuestro planeta. Pero algunos han dado un salto evolutivo, y se han especializado en parasitar organismos más complejos, como pueden ser hongos, plantas o animales, y por supuesto, nosotros mismos. La completa explicación del por qué de este fenómeno, sería muy larga e incluiría detalles que aun desconocemos. La explicación breve es la siguiente: ellos (los microorganismos) son los verdaderos dueños de la Tierra. Nosotros (los organismos pluricelulares) probablemente no somos más que un accidente, un camino improbable de la evolución, que se produjo por verdadera suerte. A pesar de que eventualmente puedan causarnos alguna molestia, vivimos y nos sustentamos gracias a ellos. Nosotros nos extinguiremos sin remedio, mientras que ellos seguirán aquí hasta que el Sol colapse. Porque ellos son la vida, la original y auténtica vida en el más puro sentido biológico del término.

Mejorar es cambiar de vez en cuando. Ser perfecto es cambiar continuamente. Winston Churchill.