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lunes, 22 de diciembre de 2014

MANUALES BIGOTINI: CÓMO HACERSE RICO

Amigos, la vocación de servicio público de nuestro blog no conoce límites. Por eso, a despecho del riesgo y sin reparar en gastos, el profesor Bigotini, siempre sensible al sufrimiento de los pobres y los afligidos, os ofrece hoy un sencillo manual para hacerse rico en poco tiempo. Ya se sabe que el dinero no da la felicidad, pero proporciona una sensación tan aproximada a la felicidad, que hay que ser un auténtico experto para distinguirlas. Con este tetrálogo elemental que a continuación os presentamos, podréis reíros en la cara de los florentinos, de los botines, y hasta de los mismísimos puyoles. Así que prestad atención y tomad nota de estas cuatro fórmulas infalibles:

1.- Nacer rico. Quiero decir, rico de verdad. No basta con que tu abuela o tu tía Pepita te digan ¡ay qué nene tan rico! Eso lo dicen todas las tías y todas las abuelitas, pero no vale. Hay que nacer en el seno de una familia adinerada y/o coronada si es posible. Conviene además, ser hijo único u ostentar ese título que suena como música celestial: heredero universal. Una vez instalado en esa prometedora posición, no cedas ni un solo palmo de terreno. Al contrario, si puedes adelantar los acontecimientos, ¿para qué esperar? ¿Has visto a las crías de cuco empujar fuera del nido a los parientes molestos? Pues manos a la obra. No hace falta que te líes a tiros, pero ya sabes que hay sustancias cuyo sabor ni se nota si están disueltas en el café o en un licor. También los frenos de los automóviles de lujo fallan a veces inexplicablemente… En fin, que a poco creativo que seas, hallarás soluciones rápidas e indoloras.


2.- Casarse con un millonario o millonaria. La vergonzosa permisividad de nuestras recientes leyes ha derribado las barreras de género, y abre un interesante abanico de posibilidades en el terreno conyugal. Eso si, hay que casarse legalmente, no vale el amancebamiento, porque después del café cargado o el fallo de los frenos, puede aparecer como por arte de magia, una legión de sobrinos, hijos ilegítimos y parientes de toda condición, reclamando sus derechos con feroz vehemencia. Si no se ha legalizado la unión, corres el riesgo de ser el (o la) amante del difunto (o difunta) y quedarte en la calle con cuatro trapitos y unas joyas ridículas.
Puede pensarse que este segundo método requiere una gran capacidad de seducción. No lo creas. La clave se resume en tres palabras: sexo, sexo y sexo. Basta con un minucioso cuidado del físico y un estudiado descuido de otros aspectos. Si no pones demasiado celo en cerrar las piernas o abotonar la bragueta, puedes dar por seguro el triunfo.


3.- Delinquir. El apasionante mundo del delito es tan vasto e inabarcable, que daría para escribir un voluminoso tratado. Descartemos si os parece, los hurtos y demás delitos de poca monta, que a la larga sólo conducen a prisión y a la indigencia. Mucho más rentable es el crimen organizado. Los carteles del narcotráfico y las mafias que controlan las apuestas o la prostitución, son fábricas de grandes fortunas. Claro que para llegar a medrar en una banda importante se requiere sangre fría, empuje y dotes de mando. A menudo hay que recurrir a la violencia física, y eso, creedme, resulta agotador. Afortunadamente en nuestro país se han abierto en las últimas décadas tres interesantes itinerarios delictivos enormemente provechosos: el negocio de la banca, el de la construcción y el de la política. Los tres están interconectados mediante intrincadas redes, siendo sencillo pasar de uno a otro, e incluso picotear un poco en todos ellos. Además son aptos para cualquier aspirante, pues si el mundo de la gran empresa y los negocios a gran escala, requiere alguna preparación y cierta inteligencia, siempre queda el camino de la política, tan carente de complejidad que resulta asequible hasta para individuos de inteligencia límite o escasamente escolarizados.


4. Participar en juegos de azar. De los cuatro métodos propuestos, este es el menos seguro, por eso lo citamos en último lugar. Los premios verdaderamente sustanciosos, como el gordo de la lotería, la primitiva, el de los euromillones o como se llamen, tienen una probabilidad de ocurrencia muy remota. Con la estadística en la mano, es más probable morir aplastado por un meteorito que recibir uno de estos premios. Luego están las apuestas en casinos (reales o virtuales) con dados, naipes, máquinas tragaperras, resultados deportivos y demás inventos lúdicos. Aquí las probabilidades de ganar en un único intento, son las que sean en cada caso (por ejemplo, de una entre seis, en caso de lanzar un solo dado). En caso de realizar gran número de intentos, las expectativas de ganar a la larga son sencillamente nulas (si lanzas el dado sólo dos o tres veces, puedes tener suerte; pero si lo lanzas diez mil veces, sólo recuperarás una sexta parte de lo apostado). Así que los adictos a estos juegos, al infortunio de ser ludópatas añaden el agravante de ser tontos de capirote. Si hablamos de ayudas como cartas marcadas o dados cargados, volvemos al territorio de la propuesta nº 3, la delictiva.


Bueno pues ya está. Acaso el lector pueda echar en falta el método que aparecía en los manuales tradicionales. A saber, el del estudio, el trabajo, el esfuerzo y el sacrificio. Si es así, el lector es un cándido palomo o una inocente y blanca tórtola. Permitid que os desengañe. Este camino recto, honrado y honesto, proporciona como mucho la satisfacción de dormir cada noche a pierna suelta y con la conciencia tranquila. Pero creedme, no os conducirá a poseer ninguno de los principales signos de riqueza: embarcaciones de recreo, automóviles de lujo ni novias o novios de la edad de vuestras nietas. Siento mucho terminar con una mala noticia, pero así es la vida. Consolémonos escupiendo nuestro desprecio en la cara de los corruptos, y con la esperanza puesta en la evangélica promesa de que un día heredaremos la Tierra.


Hijo, si quieres ser alguien en la vida, tendrás que trabajar duro. Y ahora, cállate, van a dar los números de la lotería. Homer Simpson.