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martes, 3 de marzo de 2015

ARQUÍMEDES Y EL TRIUNFO DEL INGENIO

La vida de Arquímedes y su prolífica obra transcurrieron en la ciudad siciliana de Siracusa entre 287 y 212 a.C., cuando la isla de Sicilia y el sur de la península itálica eran conocidos como la Magna Grecia. Se le considera uno de los más grandes sabios de la Antigüedad Clásica. Su recuerdo se ha hecho popular por los ingenios mecánicos cuya autoría se le atribuye, como el tornillo de Arquímedes que permitía elevar el agua, o el mítico artilugio de espejos con el que se dice que incendió las naves romanas en la batalla de Siracusa. También es célebre el principio de Arquímedes, que por medio de la flotabilidad permite calcular el volumen de cuerpos irregulares. Recuérdese la anécdota de la bañera y el famoso grito de “eureka”.


Pero a menudo se olvida que Arquímedes fue sobre todo un gran matemático. En 1906 fue descubierto en Constantinopla el Palimpsesto, un pergamino que bajo una escritura más moderna, escondía siete tratados perdidos. Este tesoro se conserva en el Walters arts Museum de Baltimore, y reseña los trabajos de Arquímedes sobre el equilibrio de los planos, las espirales, el círculo, la esfera, el cilindro, los cuerpos flotantes… Un completo tratado que nos ofrece la auténtica medida de su talento prodigioso. Mientras tecleo estas líneas, observo al profe Bigotini introducir con gran aplicación, varios cubitos de hielo en su dry martini, estudiando atentamente el desplazamiento del líquido en la copa. Ya sabéis que es un hombre entregado a la investigación en cuerpo y alma.

Si lo que buscas son resultados distintos, no repitas una y otra vez las mismas cosas. Albert Einstein.



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