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viernes, 6 de marzo de 2015

PROTOTERIOS, LOS MAMÍFEROS MÁS PRIMITIVOS

El blog del profe Bigotini, en su serial sobre la evolución, nos acerca hoy a unos interesantes tatarabuelos: los prototerios o primeros mamíferos. Debieron originarse al final del periodo Triásico, hace unos 220 millones de años, y pueden ostentar ya el título de mamíferos con toda justicia, puesto que sus hembras producen leche con la que alimentan a sus crías. Sin embargo, aún no gestan en el útero, sino que ponen huevos como sus ancestros reptiles, y como ellos, conservan un solo orificio posterior, la cloaca, porque aun no se han dividido las salidas excretora y genital.
Conocemos tres órdenes de prototerios: triconodontos, multituberculados y monotremas. De las tres sólo los monotremas han sobrevivido hasta el tiempo presente en la aislada reserva del continente australiano. Son los equidnas y los ornitorrincos, reliquias vivas de nuestro remoto pasado.


Los triconodontos, sin duda el orden más antiguo de verdaderos mamíferos, surgieron en los ambientes desérticos del final del Triásico, disfrutaron la exuberante vegetación de los bosques jurásicos, y resistieron hasta el comienzo del Cretácico. Eran pequeñas criaturas peludas parecidas a las actuales musarañas, si bien mantenían muchos rasgos de sus ancestros terápsidos, el grupo de reptiles semejantes a mamíferos que os presentamos en la anterior entrega. Sus dientes, ya plenamente mamíferos, y sus molares, coronados por tres eminencias cónicas (de ahí el apelativo de triconodontos), les permitían un estilo de vida predador y un elevado índice metabólico. Seguramente su dieta estaría compuesta por insectos y pequeños reptiles. La familia más conocida de triconodontos es la de los morganucodónticos, cuyo principal representante es Megazostrodon, que habitó en el sur de África (actual Lesotho) a finales del Triásico y principios del Jurásico. Megazostrodon era un tímido “ratoncillo” de apenas 10 o 12 cm. desde el hocico al final de la cola. Debía cazar insectos medio escondido entre la hojarasca y los matorrales bajos. A juzgar por sus grandes cuencas oculares, sus hábitos debieron ser nocturnos, y se han encontrado otras especies fósiles muy similares a él, en Bretaña y en China, que pueden datarse en los mismos periodos.

Megazostrodon

En cuanto a los multituberculados, todo indica que fueron los primeros mamíferos herbívoros. Aparecieron al final del Jurásico, y sobrevivieron hasta los comienzos del Cretácico. Aunque no guarden relación evolutiva con los actuales roedores, los multituberculados poseían dentaduras muy similares a ellos, fruto de su adaptación al mismo estilo de vida y de hábitos alimenticios. Todo apunta a que también su apariencia sería similar. Los tamaños de los fósiles hallados oscilan entre el de un ratón y el de un castor moderno, lo que para un mamífero primitivo es un tamaño más que considerable. Destacan en el registro fósil de este orden, dos familias. La primera es la de los haramíyidos, a la que pertenece Haramiya, una especie que habitó Europa a caballo entre el Triásico y el Jurásico. Pudo alcanzar un tamaño de unos 12 cm., y debía ser similar a un ratón de campo moderno. Sus anchos molares le permitían aplastar alimentos como frutos y vegetación baja.


Otra familia de multituberculados mucho más moderna (del Paleoceno), es la de los ptilodóntidos, a la que perteneció la especie Ptilodus. Se trata de un animal con aspecto intermedio entre las ratas y las ardillas actuales, que vivió en América del Norte y alcanzó la notable longitud de 50 cm. Su cola larga y prensil apunta a una vida arborícola, y por su dentadura es muy posible que se alimentara de semillas duras del tipo de las nueces.


Aunque no fosilizan, es fácil imaginar los largos pelos del bigote que sin duda tendrían estas pequeñas criaturas, que siendo tan antiguas, son a la vez tan cercanas a nosotros. El profe Bigotini acaricia su poblado mostacho, y no puede evitar sentir una tierna simpatía por aquellos bichitos tímidos que convivieron con los terribles dinosaurios. El profe, tras husmear un poco, encuentra unos cacahuetes olvidados en el cajón de su despacho, y los devora con delectación. Me gustaría que pudieseis verlo con el bigote lleno de sal y la camisa cubierta de diminutas cascarillas.

Los placeres sencillos son el último refugio de las personas complicadas. Oscar Wilde.