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martes, 5 de mayo de 2015

HIPÓCRATES. CIENCIA, HERENCIA Y COMPROMISO

Hipócrates nació en la isla egea de Cos en 460, y murió en Larisa (Tesalia) en 370 a.C. Considerado universalmente como el padre de la medicina, fundó la escuela hipocrática, primera que confirió a la medicina la categoría de ciencia. Antes de la era hipocrática, los médicos no eran más que simples chamanes o curanderos. Hipócrates introdujo el entonces todavía incipiente método científico en el estudio de las enfermedades y las técnicas curativas. El grueso de sus estudios sobre patología y clínica se recopiló en lo que en latín se llamó Corpus Hippocraticum, si bien se trata de escritos que fueron ampliándose y modificándose a medida que se copiaban durante la edad antigua y buena parte del medioevo.

Sus ideas y opiniones relativas al estudio y la praxis de la medicina perduraron en occidente al menos hasta el Renacimiento. Y hasta nosotros ha llegado el célebre Juramento Hipocrático, aun vigente en sus principios, que todavía en nuestros días se recita al concluir los estudios de medicina en algunos países, y en todo caso, a pesar de su antigüedad, se reconoce como indiscutible el espíritu del texto, que aquí reproducimos:


Juro por Apolo el médico y Esculapio, por Hygeia y Panacea, y por todos los dioses y diosas, poniéndolos de jueces, que este mi juramento será cumplido hasta donde tengo poder y discernimiento. A aquel quien me enseñó este arte, le estimaré lo mismo que a mis padres; él participará de mi mantenimiento, y si lo desea participará de mis bienes. Consideraré a sus hijos como mis hermanos, enseñándoles este arte sin cobrarles nada, si ellos desean aprenderlo. Instruiré a mis hijos, a los hijos del que me enseñó y a los discípulos unidos por juramento, de acuerdo con la ley médica.
Me esforzaré en beneficio de los enfermos. A nadie daré droga mortal, aun cuando me sea solicitada. Mantendré mi vida y mi arte alejado de culpa. No emplearé el hierro ni el cauterio. A cualquier casa que entre, lo haré por el bien de los enfermos, absteniéndome de toda corrupción y lascivia con mujeres u hombres, libres o esclavos. Guardaré silencio sobre todo lo que oiga o vea que no deba ser público, manteniendo el debido sigilo.
Séame concedido gozar de los frutos de la vida y de mi arte, y ser honrado por los hombres, si cumplo este juramento. Que me ocurra lo contrario si lo quebranto.

La medicina es el arte de acompañar a la tumba con palabras en latín. Enrique Jardiel Poncela.