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jueves, 28 de mayo de 2015

SANGRE DE COLORES Y CORAZONES DE MOSCA

Nuestra sangre, como la del resto de los animales vertebrados, es roja porque posee hematíes que contienen hemoglobina, un pigmento cuyo color característico es el rojo. No ocurre lo mismo con los insectos y los invertebrados en general. Si aplastas insectos hematófagos, como las chinches o los mosquitos, dejarán una mancha roja que se debe a la sangre que han ingerido. También dejan mancha roja las moscas, en este caso por causa del pigmento rojo de sus ojos. Sin embargo, la inmensa mayoría de los insectos aplastados liberan una sustancia lechosa, amarillenta o verde. Ello se debe a que los invertebrados no tienen sangre propiamente dicha, sino un fluido heterogéneo llamado hemolinfa.


La hemolinfa recorre el cuerpo de los insectos y va regando a su paso todos los tejidos internos. Su composición consiste mayoritariamente en agua que tiene disueltos iones, carbohidratos, lípidos, glicerol, aminoácidos, hormonas, algunas células y pigmentos, generalmente de tonos suaves. A diferencia del sistema circulatorio que poseemos los vertebrados, y que discurre por un circuito cerrado, los insectos cuentan con un sistema circulatorio abierto carente de arterias y venas. La hemolinfa fluye libremente por el cuerpo, lubrica los tejidos, y transporta nutrientes y desechos. Mientras que el sistema circulatorio de los vertebrados sirve sobre todo para acarrear oxígeno, los insectos respiran por un método completamente distinto, a través de tubos traqueales. Así, en el caso de Drosophila, sobre la piel impermeable de la mosca se alinean una serie de orificios minúsculos denominados espiráculos, que permiten  el transporte directo del aire a los tubos traqueales encargados de distribuir el oxígeno a los diferentes tejidos.


Pero eso si, los insectos también tienen corazón. En muchas ocasiones no uno solo, sino varios situados en fila, que bombean la hemolinfa por todo el sistema circulatorio. Tal como afirma Rob DeSalle, especialista en zoología de invertebrados del Museo de Historia Natural de Nueva York, aunque esta especie de corazones u órganos de bombeo de los insectos difieren notablemente del corazón de los vertebrados, curiosamente algunos de los genes que intervienen directamente en su desarrollo, muestran una sorprendente similitud en ambos grupos de animales. Esto, como tantos otros hallazgos parecidos, viene a confirmar el remoto origen común de todos los seres vivos que poblamos el planeta.


Como es un monigote de tebeo, el profe Bigotini tiene la sangre del color de la tinta china. Por cierto, también tiene su coranzoncito. ¿Acaso si me pincháis, no sangro?, exclama a veces, recordando los versos shakespearianos. Cuando se pone tan melodramático, todos procuramos disimular, mirando para otro lado y haciendo como que no le hemos oído. Ya se le pasará.

Las arañas van tejiendo el futuro de las moscas.