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lunes, 1 de junio de 2015

EL REY SABIO Y SU CORTE TOLEDANA

Alfonso X de Castilla, a quien conocemos por su sobrenombre de el sabio, fue hijo de Fernando III el santo, y reinó desde su coronación en 1252 hasta su muerte en 1284. Hoy en Biblioteca Bigotini queremos pasar por alto los aspectos históricos y políticos del personaje, para centrarnos en su vertiente cultural, y sobre todo, literaria. La Escuela de Traductores de Toledo, que patrocinó y dirigió, llevó a cabo una ingente labor cultural sin parangón en su tiempo. Alfonso heredó la pasión por el saber de su madre, Beatriz de Suabia, considerada por sus contemporáneos toda una erudita, y su abuelo, Federico II Hohenstaufen, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y fundador de la Universidad de Nápoles. Coincidiendo en el tiempo con la Escuela toledana se produjo la emergencia de las lenguas romances peninsulares. El rey sabio contribuyó como monarca y como autor a la puesta de largo literaria tanto del castellano como del galaico-portugués.

Sus cantigas de escarnio y los himnos en loor de la Virgen María, son obras de juventud. Y del tiempo de la Escuela de traductores, se consideran obras alfonsíes al menos las siguientes: las Siete Partidas, el Fuero Real de Castilla, el Espéculo, las Tablas alfonsíes (un completo tratado de la astronomía conocida en su época), la Grande e General Estoria, la Estoria de España… En lírica destacan las Cantigas de Santa María, escritas en galaico-portugués. En materia de tratados cabe mencionar el Libro de los Juegos, Ajedrez, Dados y Tablas, así como un Lapidario donde se recoge la descripción y las propiedades de los minerales. Si el propio Alfonso no escribió todas estas obras personalmente, los expertos admiten que al menos las dirigió y en muchos casos participó activamente en su redacción.
Biblioteca Bigotini tiene el placer de recomendar a sus lectores una excelente versión digital precisamente del Lapidario del rey Alfonso. Ha sido corregido y reconstruido por el profesor Rodriguez Montalvo, siguiendo el manuscrito escurialense. La cuidada edición corre a cargo de la Biblioteca virtual Miguel de Cervantes. Haced clic en la imagen y sumergíos en la incipiente ciencia divulgadora del siglo XIII. Merece la pena echarle un vistazo.


En aquellos tiempos el metal más codiciado era el oro. Ahora el metal más codiciado es el petróleo… que ni siquiera es un metal. George Bush.