Translate

lunes, 13 de julio de 2015

ANAXÍMENES, EL TERCER MILESIO

La patria de Anaxímenes fue la pródiga Mileto, que antes había visto nacer a Tales y a Anaximandro. Anaxímenes fue discípulo de ambos, y al decir de muchos, un discípulo tan aventajado, que bien podría alcanzar la altura de sus maestros en el selecto parnaso de los sabios presocráticos. Así que si la cronología hace de él el tercer milesio, la ciencia bien pudiera situarle algún escalón por delante. Vivió entre los años 590 y 524 a.C. En filosofía coincidió con Anaximandro en la existencia de un principio infinito, pero a diferencia de su maestro, le otorgó una naturaleza concreta y precisa: el aire (pneuma), que se transforma y adquiere diferentes propiedades materiales a través de dos mecanismos: la rarefacción, que genera el fuego, y la condensación, que origina viento, agua, nubes, tierra o piedras… Con todo lo absurdo que suena, asombrosamente esta teoría tuvo en la antigüedad una legión de seguidores, y gozó de gran popularidad.


La cosmología de Anaxímenes se basó en una Tierra plana cubierta por un pneuma celeste en el que giran los astros compuestos fundamentalmente de fuego. Unos sólidos invisibles serían en última instancia los responsables de los eclipses. Cuenta Plinio el Viejo en su Historia Natural que Anaxímenes fue el primero en analizar la geometría de las sombras para medir las partes y divisiones del día. Al parecer diseñó un reloj de sol de precisión legendaria. En cuanto a su obra, Diógenes Laercio le adjudica la autoría de un tratado, el Peri Physeos o Peri Physeos (Sobre la Naturaleza), que lamentablemente se perdió. Hasta nosotros sólo han llegado pequeños fragmentos y comentarios sobre él de diferentes autores. Biblioteca Bigotini os ofrece una breve antología de ellos. Haced clic en la ilustración y familiarizaos durante unos minutos con las ideas de Anaxímenes y su filosofía arcáica y un poquito estrafalaria. No hay que asombrarse. Cosas mucho más fantásticas pueden leerse en textos de aquella época histórica.

Aquel que se perfume con el óleo santo hecho con quinientos siclos de casia y un hin de aceite de oliva, quedará exterminado de su pueblo. Éxodo 30-31.