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lunes, 6 de julio de 2015

ANDRÉS VESALIO. UN AMBICIOSO EN PALACIO

Andrés Vesalio es el nombre latinizado de Andries van Wesel, un bruselense de familia brabanzona, nacido en 1514. Procedía de una antigua y prestigiosa dinastía de médicos. Su tatarabuelo Pierre fue médico de Federico III y autor de un comentario a Avicena muy célebre en su tiempo. Su bisabuelo Johannes fue profesor de matemáticas y medicina en la universidad de Lovaina, y médico de Carlos el Temerario, ennoblecido por el emperador, introdujo en sus armas las tres comadrejas de las que blasonó la familia. Su abuelo Everard fue médico de María de Borgoña y del archiduque Maximiliano. Pero a partir de ahí se enturbió un tanto la nobleza familiar, puesto que Andreas van Wesel, el padre de Andrés Vesalio, fue un hijo concebido fuera del matrimonio, con el consiguiente escándalo. El emperador Carlos Quinto tuvo el detalle de legitimarlo, pero a pesar de ello, tanto él como su hijo Andrés siempre fueron mirados por encima del hombro en la Corte imperial.

Nuestro hombre creció empeñado en devolver el lustre a aquella dinastía de profesores universitarios y galenos reales que, como escribió en el prefacio de su obra, estaban lejos de ser oscuros médicos. Andrés fue un joven arrogante continuamente enzarzado en disputas para limpiar su honor y su nombre. Terminó convertido en médico personal del emperador, y fue nombrado conde palatino en 1556, con lo que al fin pudo lucir en su escudo otra vez las anheladas tres comadrejas. Su carácter desconfiado e irascible le llevó a discutir, a veces acaloradamente, con maestros, colegas y discípulos a lo largo de su andadura profesional.

Estudió en Bruselas, Lovaina, Estrasburgo, París y Padua, y además de ser el médico de cámara del emperador Carlos, lo fue también de su hijo Felipe II. En 1543 Vesalio publicó la obra a la que dedicó gran parte de su vida, y por la que es conocido universalmente: De Humani Corporis Fabrica, que habitualmente se conoce simplemente como Fabrica. Se trata fundamentalmente de una colección de dibujos anatómicos extraordinariamente detallados, y tomados del natural durante la disección de cadáveres, una práctica muy extendida en su época, tanto entre los médicos y cirujanos, como entre los artistas, que procuraban conocer a fondo la anatomía humana, para reproducirla con la mayor fidelidad en sus obras de arte. Por cierto que esta práctica condujo a la muerte a no pocos de ellos, al pincharse o cortarse accidentalmente con algún instrumento de disección, y contraer sepsis mortales que les llevaban a la tumba en pocas horas.


La Fabrica de Vesalio resultó una fuente de inspiración y un instrumento de consulta indispensable en su tiempo. No obstante, curiosamente fue mucho más popular entre los artistas que entre sus colegas médicos. Los dibujos de Vesalio se copiaron y reprodujeron hasta la saciedad por una legión de dibujantes y grabadores. Paradójicamente se prescindió muy a menudo de su texto, y la razón de ello hay que buscarla en que Andrés Vesalio realmente no aportó nada nuevo a las ideas y principios anatómicos de Galeno que imperaban aun en aquellos años. En un episodio oscuro de su biografía, Vesalio fue condenado a la hoguera por prácticas hechiceriles (se desconoce con qué argumentos). Felipe II sustituyó benévolamente la sentencia por la imposición de peregrinar a Tierra Santa. Tras una accidentada travesía, Andrés Vesalio falleció en la isla griega de Zante, cuando apenas tenía cincuenta años.


Tan solo unas décadas después, el texto de su Fabrica quedó por completo relegado al olvido, mientras que las ilustraciones de Vesalio fueron amplia y brillantemente superadas por artistas como Leonardo de Vinci, Miguel Ángel o Rafael. Ya veis en definitiva en que queda la vanidad y que poco aprovechan el orgullo y la arrogancia. Toda una vida dedicada a ascender socialmente y hacer continua protesta de nobleza, para acabar olvidado, condenado y con tres cochinas comadrejas en el escudo, que no sirven para maldita la cosa.

La humildad es el vestido del pobre y el adorno del príncipe.