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miércoles, 8 de julio de 2015

CALAMARES LUMINOSOS Y SEPIAS DE COLORES

¿Habéis visto a las sepias cambiar de color? Es una capacidad muy útil como camuflaje, como medio de intimidación, como señuelo sexual, y hasta es posible que como método de comunicación en el silencioso mundo submarino. Muchos cefalópodos están dotados de células especializadas en pigmentación llamadas cromatóforos. Funcionan mediante un ingenioso sistema que regula el tamaño celular y permite construir y replicar patrones cromáticos complejos que mezclan colores y formas. Los cromatóforos se encuentran conectados a terminaciones nerviosas, y sus dimensiones vienen reguladas por contracciones musculares. Por otra parte los ojos de pulpos, sepias y calamares son órganos extraordinarios capaces de percibir no sólo los colores, sino la intensidad de la luz. Gracias a su vista fantástica, los cefalópodos pueden literalmente crear formas y dibujos coloreados sobre su cuerpo, que imitan con asombrosa precisión el aspecto del lecho marino.


Pero eso no es todo. Muchos calamares poseen la capacidad de producir luz y controlar su intensidad. Esta capacidad biológica que alcanza también a otros animales marinos y hasta a insectos terrestres como las luciérnagas, se conoce con el nombre de bioluminiscencia. En el caso concreto de los calamares, la generación de luz es de origen químico. La luz se crea mezclando dos sustancias que dan lugar a una tercera que despide luz. Aunque las sustancias son distintas, las luciérnagas poseen un mecanismo idéntico, lo que constituye un caso singular de convergencia evolutiva. Las células que albergan estas sustancias se denominan fotocitos, y los órganos que las contienen se llaman fotóforos.

Ellen Prager, oceanógrafa de la Universidad de Miami, escribe que los calamares luminosos segregan una sustancia, la luciferina, que reacciona con el oxígeno en presencia de una hormona llamada luciferasa. Cuando la reacción se completa, se forma una molécula nueva, que en el mar brilla con tonos que van del azul al verde intenso. Algunos de estos órganos o fotóforos son simples sacos glandulares. Otros en cambio, son dispositivos muy complejos dotados de lentes para enfocar, filtros de diferentes colores o cortinillas móviles que actúan como interruptores de encendido y apagado. Las últimas investigaciones revelan que tanto algunos calamares como diversos peces, crean luz bioluminiscente mediante bacterias que habitan el interior de los órganos lumínicos del animal. Son especies bacterianas únicas y exclusivas, que no se encuentran en ningún otro lugar.


El mundo natural no dejará nunca de maravillarnos. El profe Bigotini estudia últimamente la manera de injertar en su enorme narizota células bioluminiscentes, para alumbrar en su retiro playero, a los barcos que se acercan peligrosamente al acantilado. Será un faro viviente, y sus colaboradores ya estamos fascinados, pensando en colgar adornos navideños de sus bigotes cuando llegue diciembre.

Paradojas luminosas: La pesca con luz sólo puede hacerse de noche, porque de día hay demasiada luz.