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miércoles, 19 de agosto de 2015

LA ASOMBROSA INMUNIDAD DE LOS INSECTOS

Estamos acostumbrados a recibir información acerca de las enfermedades que nos transmiten los insectos o aquellas en las que intervienen como vector. A nuestros ojos los insectos y en general los invertebrados, son seres pequeños, poco interesantes, y en muchas ocasiones molestos, por eso no solemos interesarnos por las enfermedades que les afectan. Cómo enferman los insectos y el resto de los “bichos”, es algo que habitualmente nos trae sin cuidado. Y sin embargo, cuanto más vamos conociendo acerca de las patologías de los invertebrados, y sobre todo, de las estrategias que adoptan para combatirlas, más y más nos asombramos de su extraordinaria eficacia.

La mayor parte de los insectos encuentran la muerte por causas que podrían calificarse de no naturales. Muchos son parasitados por otras especies de insectos, como en el caso de ciertas avispas que inoculan sus huevos en el interior del cuerpo de pulgones, para que sus larvas se nutran de los tejidos de sus víctimas. Algunas colonias de hormigas y otros insectos gregarios organizan auténticas expediciones de caza para capturar y devorar a sus prisioneros. Una legión de insectos e invertebrados sirve de alimento a reptiles, pájaros y pequeños mamíferos. Por último, son infinidad los que perecen a nuestras manos, abatidos por insecticidas, plaguicidas, o directamente aplastados cuando nos incomodan.


Cabe preguntarse si los insectos padecen como los animales vertebrados, infecciones bacterianas o causadas por otro tipo de microorganismos. La respuesta es sí. Naturalmente padecen infecciones, pero no llegan a afectarles como a nosotros, porque poseen un sistema inmunitario extraordinariamente eficaz. Según explica Deborah Kimbrell, profesora de Biología de la Universidad de Houston, cuando una bacteria penetra en una herida de un insecto, sus células sanguíneas (equivalentes a nuestros leucocitos) se movilizan con urgencia para rodear y digerir al invasor antes de darle tiempo a reproducirse. La mayor parte de los invertebrados poseen un órgano llamado cuerpo graso, en cierto modo equivalente al hígado de los mamíferos, que es capaz de producir grandes cantidades de proteínas antibacterianas que actúan contra la infección incipiente como lo haría un antibiótico.


Lo más curioso es que el mecanismo de respuesta inmunitaria de los insectos que se han investigado, resulta muy similar en esencia a nuestras propias estrategias inmunológicas. Esto constituye una prueba más de nuestros remotos orígenes comunes. En efecto, como ya hemos dicho aquí en otras ocasiones, vertebrados e invertebrados descendemos de un antepasado común, y en definitiva todos y cada uno de los seres vivos que conformamos la biomasa del planeta Tierra, nos hemos originado a partir de un único y remotísimo ancestro unicelular. En los últimos años entomólogos, inmunólogos, biólogos y genetistas están estudiando a la mosca Drosophila melanogaster, que entre la fauna invertebrada es la auténtica vedette de los laboratorios, al objeto de profundizar en el conocimiento de su asombrosamente eficaz sistema inmune, y en la esperanza de hallar soluciones prácticas a nuestros propios problemas.

Entre amigas:
-¿Qué me das por mi marido?
-Absolutamente nada.
-¡Trato hecho!