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lunes, 17 de agosto de 2015

POLIBIO Y LA BÚSQUEDA DE LA VERDAD

Nacido en Megalópolis hacia 200 a.C., Polibio era un griego notablemente romanizado. Tenemos derecho a considerarle el primer historiador realmente merecedor de ese título. A diferencia de sus antecesores, incluso del mismo Heródoto, a quien muchos consideran el padre de la Historia, Polibio fue el primero en incorporar a su tarea la veracidad y el rigor necesarios para poder considerarla una ciencia. Pionero en el análisis historiográfico, Polibio no se conformaba con haber leído los escritos clásicos o con haber escuchado rumores acerca de determinada nación. Comprobaba las fuentes, y siempre que era posible, viajaba a los diferentes territorios del Imperio, recogiendo testimonios de primera mano. En su obra, al margen de lo anecdótico que supone determinada narración de cualquier episodio, Polibio intenta explicar los hechos, analizando por ejemplo, las causas políticas, demográficas y culturales de la hegemonía romana en el ámbito mediterráneo. Junto con Tucídides, fue el primero en excluir la intervención divina de los acontecimientos históricos. Estas cualidades le convierten en pionero de la Historiografía, de la Teoría de la Historia, de las Ciencias Políticas e incluso de lo que ahora llamamos Relaciones Internacionales.

Comenzó su carrera como embajador de la Liga Aquea, y fue después elegido hiparca. A pesar de sus esfuerzos por mantener la neutralidad en las Guerras Macedónicas, los romanos lo hicieron su rehén, y en calidad de tal, Polibio permaneció con ellos diecisiete años. En ese tiempo, su amplia cultura y su trato distinguido le abrieron las puertas de la aristocracia de Roma. Lucio Emilio Paulo lo tomó como preceptor de sus hijos. Uno de aquellos hijos era nada menos que Escipión, que llegó a considerarle un segundo padre. Así que al amparo del poderoso Escipión, Polibio tuvo oportunidad de recorrer el Imperio.


Estuvo en África, siendo testigo de excepción de la Tercera Guerra Púnica y de la toma de Cartago. En Hispania vivió de cerca las Guerras Celtibéricas y pudo conocer a fondo su geografía y las costumbres de sus pobladores. A Polibio debemos la mayor parte de las noticias que han llegado hasta nosotros sobre los pueblos prerromanos de nuestra península. Su obra fundamental fue su extensa y prodigiosa Historia General, un tratado de cuarenta volúmenes que reunió la práctica totalidad de los conocimientos históricos de su tiempo.
Tras la muerte de Escipión, su valedor y protector, Polibio regresó a su Grecia natal, donde falleció hacia 118 a.C. a la entonces muy avanzada edad de ochenta y dos años. Si hemos de creer al Pseudo Luciano, uno de sus biógrafos, murió como consecuencia de una caída del caballo, lo que hablaría a favor de una vida plena y activa hasta el momento de su muerte. Desde el blog del profe Bigotini, y como apasionados de la Historia, vaya nuestro aplauso y nuestro homenaje a este Polibio, gran historiador, gran viajero, y hombre adelantado a su tiempo.

-Doctor, tengo tendencias suicidas, ¿qué me aconseja?
-Pagar por adelantado.