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domingo, 13 de septiembre de 2015

LUCIO APULEYO Y LA INUTILIDAD DEL SUFRIMIENTO

Una vez le preguntaron a Borges para qué sirve la poesía. El gran Jorge Luis contestó con otra pregunta: ¿para qué sirve el sabor del café? Felicidad. La poesía, el café, la música y un sinfín de otras cosas de la vida, pequeñas, medianas o grandes, proporcionan su dosis pequeña, mediana o grande de felicidad. Lo que nos lleva a proclamar la absoluta inutilidad del sufrimiento. Con treinta siglos de civilización a nuestras espaldas, no parece que tenga demasiado mérito alcanzar esta conclusión. Apuleyo, un africano romanizado nacido en Madaura (en la actual Argelia) en el año 180, la obtuvo por sus propios medios en aquel tiempo remoto.



El nombre de Lucio Apuleyo, por el que se le suele designar, probablemente no le corresponde, puesto que el prenominal Lucio se ha tomado del protagonista de Asinus aureus, El asno de oro, su obra más conocida. Una obra que por cierto no es del todo original. Existe una novela griega anterior, titulada Lucio o el Asno, , posiblemente obra de Lucio de Pratae, aunque se atribuyó erróneamente a Luciano de Samosata. En cualquier caso, Apuleyo se aprovechó únicamente del argumento para construir la que con toda probabilidad es la que podríamos llamar primera novela de la Historia de la Literatura. El asno de oro, que se conoce también por el subtítulo de La Metamorfosis, constituye un prodigio de imaginación y de sentido del humor. Le cabe también el mérito de ser la única novela latina de la época clásica que ha llegado completa hasta nuestros días. No sólo eso. El asno de oro es la precursora de lo que siglos después se dio en llamar novela picaresca. Gigantes literarios como Rabelais, Alemán, Bocaccio, Cervantes, Quevedo, Voltaire o Defoe han paladeado el sabor de la obra de Apuleyo y han seguido sus huellas.


El asno de oro narra los avatares del joven Lucio, un entusiasta de la magia que viaja a Tesalia (considerada la cuna de las artes mágicas), y allí es accidentalmente transformado en asno. Bajo esta apariencia, pero conservando su entendimiento humano, Lucio se ve envuelto en una serie de ridículas peripecias, y es testigo de toda clase de sucesos prodigiosos. Se trata de una novela amena, ingeniosa, fantástica, rebosante de humor y no carente de episodios que ahora calificaríamos de sexualmente explícitos. En la narración se intercalan algunas historias divertidas al margen de la trama principal, una característica que ya en el Renacimiento y en el Barroco adoptarán también otros muchos escritores. El último capítulo, de estilo tan completamente distinto del resto, que ha hecho a muchos críticos dudar de su autoría, relata la iniciación de Lucio en los misterios de Isis. Está cargado de fervor religioso y de un singular aroma poético.


Biblioteca Bigotini tiene el honor de ofreceros una magnífica versión digital de la inmortal obra de Apuleyo. Haced clic en la portada y deleitaos con la amable lectura de un grandísimo texto clásico. Seguid las peripecias y las picardías del pícaro Lucio encerrado en la piel del asno. Se trata de una de esas obras imprescindibles que no pueden dejar de leerse. Que os aproveche, y sed felices. Ya sabéis que nacemos condenados a la felicidad. Resistirse a la condena no es una buena idea. El sufrimiento es en definitiva, completamente inútil.


-Oiga, ¿averías? No me funciona el ruter.
-Veamos. ¿qué luces tiene ahora mismo encendidas?
-Pues las del salón y la cocina…
-…Entendido. Le mandamos un técnico.