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domingo, 6 de septiembre de 2015

WILLIAM OUGHTRED Y LA REGLA DE CÁLCULO

William Oughtred, nació en la localidad inglesa de Eton en 1574. Profesó como eclesiástico, siendo uno de los primeros ministros de la entonces todavía incipiente Iglesia Anglicana. Pero la verdadera pasión de Oughtred fue la ciencia. Curiosamente la Historia nos demuestra que ni mucho menos fue un caso único. Ya en el siglo XVI se inauguró una tradición muy inglesa por la cual muchos segundones de familias nobles se dedicaban al ministerio eclesiástico. En sus parroquias y vicarías llevaban una vida tranquila. Tanto que, tratándose generalmente de hombres cultos, gozando de una posición desahogada, y disponiendo de mucho tiempo libre, pudieron entregarse a sus aficiones. En no pocos casos esas aficiones eran científicas, de lo que se benefició el progreso del conocimiento humano de forma singular.

En el caso concreto de William Oughtred, se interesó por la astronomía y la gnomónica, pero sobre todo sobresalió en el campo de la matemática, disciplina que llegó a dominar hasta convertirse en uno de los matemáticos más importantes de su tiempo. Entre sus obras cabe destacar Clavis Mathematicae (1631), Circles of Proportion and the Horizontal Instrument (1632) y Trigonometria with Canones Sinuum (1657), publicada esta última poco antes de su muerte acaecida en 1660. Entre sus aportaciones sobresale el empleo de la letra griega , con valor de 3,1416, como símbolo para expresar el cociente entre la longitud de la circunferencia y su diámetro, a pesar de que fue Leonhard Euler, el célebre matemático suizo, quien popularizó su uso. Se atribuye también a Oughtred el uso del signo x para la multiplicación, y las abreviaturas sin y cos para las funciones trigonométricas del seno y el coseno.


Pero sobre todo William Oughtred es conocido y ha pasado a la Historia de la ciencia por la invención del instrumento que conocemos como regla de cálculo. Basándose en el trabajo de John Napier sobre los logaritmos, el clérigo construyó una regla con varias escalas numéricas, que facilita la realización rápida de operaciones aritméticas. Los que peinamos canas y vivimos la era preinformática, no disponíamos de calculadoras. Las humildes reglas de cálculo constituyeron una herramienta preciosa. Hacia 1980 dejaron de fabricarse en grandes cantidades, aunque aun actualmente siguen usándose en trabajos industriales muy específicos, en navegación marítima y aérea. Si los más jóvenes queréis tener una regla de cálculo en vuestras manos, temo que solo podréis hallarla en la vitrina de algún coleccionista.

La juventud es un defecto que se cura con el tiempo.