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domingo, 4 de octubre de 2015

LÁZARO DE TORMES Y SU LACERADA VIDA

La novela picaresca es sin duda el género más emblemático de la literatura española durante el mal llamado siglo de oro, que abarca prácticamente dos centurias. Cervantes, en su primera parte del Quijote, utiliza el término género, precisamente referido al Lazarillo. Antes Mateo Alemán había introducido el adjetivo pícaro en su Vida del pícaro Guzmán de Alfarache (1599). Más tarde llegarían La pícara Justina, El buscón, El Marcos de Obregón, El Guitón Onofre, La ingeniosa Elena, La garduña de Sevilla, La niña de los embustes, El Estebanillo González, El Lucas Trapaza, Don Gregorio Guadaña, Periquillo el de las gallineras, y tantos otros personajes que fueron a engrosar la nutrida tropa de nuestros pícaros nacionales. Por haber los hubo hasta internacionales, como el germánico Simplicius Simplicísimus o el irlandés Tristram Shandy.


A Lázaro de Tormes le cabe el honor no solo de ser el primero, sino de ser acaso el más genuino y logrado de nuestros pícaros. La primera edición segura es la cuádruple de 1554 (Burgos, Amberes, Medina del Campo y Alcalá), aunque todo indica que debió existir una edición anterior hoy perdida, de 1552 o 53. Los investigadores sitúan su escritura entre 1540 y 1550. Ninguna de las ediciones incluyó el nombre de su autor, que optó prudentemente por conservar el anonimato. Hizo bien. En la España teocrática y contrarreformista de su tiempo en que el Santo Oficio no se andaba con chiquitas, resultaba muy peligrosa la exhibición de ciertas ideas contenidas en El Lazarillo. En 1559 se incluyó en el tristemente célebre índice de libros prohibidos, no permitiéndose su reimpresión hasta 1573 en un formato convenientemente expurgado y mutilado.

La obra está impregnada de un erasmismo inequívoco y patente. Lázaro, cuyo único delito es haber nacido pobre, comienza sirviendo a un ciego, en el que sin duda es el episodio más conocido y popular, hasta el punto de originar el término lazarillo para describir a quienes ejercen esa función. Pasa sucesivamente por servir a un clérigo en Maqueda, a un hidalgo paupérrimo, a un fraile mercedario, a un charlatán vendedor de bulas, un pintor de panderos, un capellán y un aguador, antes de conseguir un puesto como alguacil y pregonero a través de su matrimonio de conveniencia con la amante de un arcipreste. El lacerado Lázaro acaba como casado cornudo que renuncia a su dignidad para poder comer caliente. El mensaje no puede ser pues más fatalista. Una lucha a brazo partido por la supervivencia en una sociedad podrida y miserable, que concluye de la peor manera, con una rendición incondicional en la que el protagonista termina por aceptar la derrota afrentosa, integrándose y formando parte activa de la injusticia contra la que durante toda su vida se había rebelado.

Los antecedentes del Lazarillo habrá que buscarlos en los clásicos. Luciano de Samosata y Apuleyo, cuyo Asno de oro fue traducido del latín precisamente por el mismo Erasmo de Rotterdam. Las Confesiones de San Agustín, una de cuyas reediciones apareció por cierto poco antes de la publicación del Lazarillo. Acaso también el autor bebió en las fuentes de Bocaccio y en las muy caudalosas de la infinidad de libros de caballerías, género de ficción que hizo furor en su tiempo. A su vez, la obra dio lugar a diferentes secuelas. Hay una Segunda parte también anónima aparecida en Amberes en 1555, en la que Lázaro participa en guerras submarinas transformado en atún. Otra Segunda parte se publicó en París en 1560, y estaba firmada por el aragonés Juan de Luna.

Diego Hurtado de Mendoza

En cuanto a la autoría del Lazarillo, los diferentes estudiosos han propuesto a varios posibles candidatos, como Juan de Ortega, un protegido del emperador Carlos, el dramaturgo Sebastián de Orozco, o los hermanos Juan y Alfonso de Valdés, ambos erasmistas declarados. Aquí en casa Bigotini, nos abonamos a la autorizada opinión de la prestigiosa paleógrafa Mercedes Agulló, que atribuye la autoría del Lazarillo a Diego Hurtado de Mendoza, militar, poeta, diplomático y reputado humanista, muy cercano ideológicamente al pensamiento de Erasmo que impregna la novela. Más allá de la simple teoría, Agulló aporta pruebas documentales indiscutibles, que hasta ahora han sido sorprendentemente ignoradas por el staff académico.
Sea como fuere, Biblioteca Bigotini tiene hoy el honor y el placer de ofrecer a sus lectores una magnífica edición digital de la Vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades. Está tomada de la publicada en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, y se atiene a las primeras ediciones de 1554. Haced clic en la portada y deleitaos con el discurso de la vida del pobre Lázaro, del lacerado y mísero Lázaro de Tormes, un español de su época, y casi pudiera decirse que simplemente un español.

Las desgracias y los mellizos raras veces vienen solas. Enrique Jardiel Poncela.