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martes, 20 de octubre de 2015

PÓNGIDOS. LOS PRIMEROS HOMINOIDEOS

Los póngidos, tanto fósiles como actuales, pueden calificarse de semibípedos, ya que en ocasiones caminan a cuatro patas, y otras veces se yerguen sobre sus patas posteriores. Carecen de cola, y en la actualidad se hallan confinados a las regiones tropicales africanas y del sudeste asiático, si bien hace unos pocos millones de años, sus hábitats eran mucho más diversos. Los miembros más primitivos de la familia aparecieron a comienzos del Mioceno, hace unos 25 millones de años. Actualmente la tendencia es considerarlos a todos dentro de un mismo género. Los más recientes estudios genéticos parecen desmentir la separación entre póngidos y humanos hace 15 o 20 millones de años. Hoy se considera que ambas líneas divergieron en un momento muy posterior. Cada nueva investigación parece convertirnos en parientes más próximos de gorilas y chimpancés. Las semejanzas genéticas entre estas especies y la nuestra, aseguran que nuestra bioquímica es demasiado similar como para que hayan transcurrido más de entre 5 y 8 millones de años desde nuestra separación.

Dryopithecus
En los albores del Mioceno, hace entre 12 y 9 millones de años, apareció Dryopithecus, un póngido de unos 60 cm. de longitud, que habitó un extensísimo territorio, ya que se han hallado sus fósiles en lugares tan distantes como Francia, Grecia, El Cáucaso o Kenia. En este periodo el continente africano estaba fundido con el euroasiático. Sus extremidades, parecidas a las de los modernos chimpancés, indican que debían caminar habitualmente a cuatro patas, aunque eventualmente pudieran erguirse. El cráneo era también muy semejante al de los chimpancés, aunque carecían de una cresta sagital marcada. Estamos ante una especie trepadora y básicamente arborícola, adaptada para alimentarse de frutas, puesto que sus muelas, provistas e una capa de esmalte más bien delgada, les impedirían triturar frutos duros, raíces, hierbas o semillas. Sin embargo, todo parece indicar que en su tiempo los bosques comenzaban a desaparecer, siendo abundantes los prados abiertos, por lo que este espécimen probablemente comenzó a desplazarse en grupos por la sabana.

Sivapithecus
Sivapithecus fue un póngido de 1,5 m. de altura que vivió entre mediados y finales del Mioceno en el sudeste de Europa, Asia y África oriental. Tenía el rostro de un orangután, los pies de un chimpancé, y las muñecas rotativas, por lo que parece un simio a medio camino entre la vida arborícola y la actividad en campo abierto. Los caninos eran largos y los molares tenían una gruesa capa de esmalte, lo que les permitiría consumir semillas, tallos y otros vegetales duros o abrasivos. Hace entre 15 y 7 millones de años el clima estaba cambiando. Los bosques desaparecían, a la vez que aumentaban las praderas. Estos póngidos parecen adaptados a las nuevas condiciones de su entorno. El nombre de Sivapithecus proviene del dios hindú Siva, el señor de las bestias, ya que en la India se realizaron los más importantes hallazgos fósiles de esta criatura.

Gigantopithecus
Desde finales del Mioceno hasta mediados del Pleistoceno, transcurrió la existencia de Gigantopithecus. Tal como su nombre indica, se trató de un auténtico gigante que alcanzó una estatura de hasta 3 metros. Sus fósiles se han hallado en India, Pakistán, y sobre todo en China, donde muchos de sus valiosos huesos se han perdido para la ciencia, empleándose triturados en la composición de los discutibles remedios de la medicina tradicional de aquel país. Fue una criatura enorme que debió sobrepasar los 300 kilos de peso. Sus dientes tenían alrededor del doble de anchura que los del gorila actual. Estamos ante un simio de vida terrestre, costumbres muy similares a las del gorila moderno, y muy próximo genéticamente a Sivapithecus. La abundancia de sus restos, así como su datación, apuntan a que sobrevivió hasta bien entrado en Pleistoceno, hace alrededor de sólo un millón de años o quizá aun menos, por lo que parece probable que los rumores sobre el yeti y criaturas semejantes, estén basados en antiguas leyendas que se remontarían a tiempos en que estos especímenes pudieron haber convivido con humanos.

Ramapithecus
Ramapithecus habitó en Asia y África de mediados a finales del Mioceno. Con una estatura de alrededor de 1,2 m., debió ser pariente muy próximo de Sivapithecus, hasta el punto de que algunos paleontólogos consideran que se trata de la misma especie. Sin embargo, sus fósiles mucho más abundantes, presentan un enorme parecido anatómico con los actuales chimpancés. Recibe su nombre de Rama, el dios hindú de la nobleza y la virtud. Su naturaleza terrestre es indiscutible, y también se hace evidente su capacidad para caminar a dos patas, conservando libres las manos. Sus dientes robustos y de muy amplia superficie apuntan a una dieta compuesta de plantas duras. En realidad la dentición parece estar a caballo entre la de los grandes simios actuales y la de los humanos, lo que coloca a Ramapithecus en un interesante puesto para optar a ser el antepasado común de ambas líneas. Incluso parecen existir pruebas de la utilización de utensilios, la formación de grupos familiares, y su capacidad para cruzar ríos y cauces fluviales. Es muy probable que esta criatura fuera uno más de los callejones sin salida de la evolución. No obstante, resulta muy sugestivo considerar a Ramapithecus como una especie de hombrecito incipiente.

En sucesivas entregas iremos avanzando más en este camino apasionante que nos conduce al presente. El viejo profe Bigotini, que también (no hay más que verlo) conserva algunos rasgos arcaicos, me asegura que obtendrá gran placer rascando a conciencia la espalda de cuantos fieles seguidores de este blog se presten a tan higiénica práctica.

La incertidumbre es una margarita cuyos pétalos jamás se terminan de deshojar.