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domingo, 15 de noviembre de 2015

CARLOS ARNICHES Y LA TRAGEDIA GROTESCA

Carlos Arniches, un alicantino nacido en 1866, que acabó siendo madrileño de adopción y de vocación, fue el inventor de un género que se popularizó de forma extraordinaria en la España de las primeras décadas del siglo XX. El sainete teatral, la pieza cómica breve, antecedente del género chico zarzuelero, inspiró a Arniches un ambiente y unos personajes entrañables. Nuestro autor se fijó en ciertos tics y en el peculiar vocabulario de determinados tipos populares madrileños, y a partir de ellos reinventó un lenguaje que desde los escenarios se extendió al pueblo. Contra lo que pudiera creerse, no es que Arniches imitara la forma de hablar del pueblo, sino al contrario, fue el pueblo el que acabó imitando el habla de los personajes de Arniches.

Entre 1888 y 1944, dio a la imprenta y vio como se representaban en los escenarios, títulos tan emblemáticos como El cabo primero, El santo de la Isidra, El puñao de rosas, Alma de Dios, El pobre Valbuena, Es mi hombre, Genio y figura, Serafín el pinturero, La casa de Quirós, La chica del gato, El amigo Melquiades, La venganza de la Petra, El señor Badanas o El padre Pitillo. La mayor parte de ellas fueron musicadas y llevadas al teatro con gran éxito como zarzuelas del género chico. Arniches dominó el recurso humorístico con idéntica maestría que empleó para dotar a sus personajes y situaciones de ese punto trágico o tragicómico que llegó al corazón del público con tanta facilidad. Con toda razón puede calificarse su peculiar estilo como tragedia grotesca, un género que más allá de la simple comedia, toca la fibra sensible de sus espectadores.


Biblioteca Bigotini se complace en ofrecer a sus lectores la versión digital de una de las obras más representadas y emblemáticas del teatro de Carlos Arniches. Se trata de La señorita de Trevélez, una pieza teatral en tres actos que se estrenó en 1916. Su ambientación la aleja un tanto del resto de la producción de su autor, ya que no se desarrolla en el Madrid castizo, sino en una capital de provincia anónima en la que muchos críticos han querido identificar a Valladolid. Es una tragicomedia en la que Florita Trevélez, una mujer madura, soltera y poco atractiva, Don Gonzalo, su hermano mayor que la protege y la adora, y Numeriano Galán, un pobre funcionario recientemente llegado a la ciudad, son objeto de una broma cruel por parte de los miembros del Guasa Club, jóvenes indolentes que pasan el tiempo en el casino maquinando argucias para ridiculizar a quienes les parecen más débiles o más risibles.


La obra ha sido adaptada al cine en varias ocasiones. Una de las adaptaciones más célebres y sin duda la de mayor nivel cinematográfico, fue la que dirigió Juan Antonio Bardem con el título de Calle Mayor. En La señorita de Trevélez, y al margen de la trama, Arniches perfila un alegato contra los vicios de una juventud ociosa en una España decadente. En la crueldad de esta España de los casinos provincianos el lector o el espectador tienen ocasión de entrever el reflejo de los males endémicos de una sociedad enferma que sólo unas pocas décadas más tarde iba a desembocar en la contienda civil que pesa como una losa en nuestra Historia reciente. Quién sabe si estos comportamientos aborrecibles no están todavía impresos en el ADN nacional. Haced clic en la ilustración y paladead la prosa de Arniches. Tenéis al alcance de un clic una comedia que acaso no os haga reír, sino meditar.

Algunos hacen vida social porque les es más fácil soportar a los demás que soportarse a sí mismos. Arthur Schopenhauer.