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martes, 1 de diciembre de 2015

AUSTRALOPITHECUS AFARENSIS. LLEGAN LOS HOMÍNIDOS

Australopithecus afarensis es hasta ahora el primer homínido conocido en cuanto a datación. Sus fósiles más antiguos datan de mediados del Plioceno, hace unos 3,5 millones de años. El nombre científico significa simio meridional de Afar, por haber sido hallados sus restos en esa región del norte de Etiopía. Los restos se corresponden con hallazgos anteriores de pisadas que quedaron impresas en un suelo de cenizas volcánicas de Laetoli (Tanzania). Los descubridores del primer esqueleto parcial en 1974, bautizaron a la hembra a quien pertenecieron los huesos con el nombre de Lucy, por la célebre canción de los Beatles. Se trata de criaturas livianas con estaturas que podrían oscilar entre 110 y 140 cm., y marcado dimorfismo sexual. Lucy era una adulta que apenas sobrepasaría a un niño actual de seis o siete años.


El cráneo y la cara, más semejantes a los de un chimpancé que a los de los humanos, estaban coronados por una moderada cresta sagital donde se insertarían los músculos masticadores. Su cerebro, de unos 400 cm3, no era mucho mayor que el de los chimpancés modernos. Los dientes, astillados en la parte anterior, debieron usarse para sujetar. Pero el hallazgo más sorprendente fueron los cuartos traseros. La conformación tanto de la pelvis, como de las caderas y el resto de las extremidades inferiores, así como las huellas de los pies desnudos, no dejan lugar a dudas sobre su locomoción. Australopithecus afarensis era una criatura bípeda que caminaba perfectamente erguida.


Las adaptaciones de estos primeros australopitecinos resultan pues inequívocamente humanas. Además de la postura y la locomoción llaman la atención el pie completamente moderno, la mayor longitud de las extremidades inferiores (un hecho absolutamente nuevo en la historia evolutiva de simios y hominoideos), las mandíbulas y dientes más pequeños, la capa de esmalte más gruesa, el rostro más plano, la atenuación o desaparición del recio reborde óseo periorbitario… Si a todo esto unimos el agrandamiento relativo de la pelvis (primer paso hacia un mayor índice de encefalización), el alargamiento de los pulgares y consiguiente mayor precisión para hacer pinza y manejar objetos con delicadeza, nos encontramos ante monos cuya estructura física los acercan más a los seres humanos que a los demás simios.

Aunque, dada la escasez y precariedad del registro fósil, siempre a expensas de nuevos hallazgos, resulte arriesgada cualquier afirmación categórica en este sentido, existen muchos indicios que nos llevan a pensar en Australopithecus afarensis como nuestro posible antepasado. Cierto que hay muchos rasgos que, a diferencia de los huesos, no fosilizan. La disposición de determinados yacimientos invita a pensar en A. afarensis como una criatura social que se desplazaba y procuraba el sustento en grupos familiares. Pero ya hemos dicho que los desarrollos culturales como un rudimentario lenguaje o una estructura social, no fosilizan. Debemos conformarnos con la mera especulación.

Todo indica que Lucy y sus congéneres se extinguieron hace unos 2,5 millones de años, para dar paso quien sabe si a otros australopitecinos posteriores o al género homo al que pertenecemos. En cualquier caso, A. afarensis no parece la especie indefensa de monitos erguidos que se nos ha hecho creer por algunos autores. Esta visión a nuestro juicio equivocada, los muestra siempre furtivos, a merced de sus depredadores y del medio hostil en que se desenvolvían. Entendemos que unas criaturas medrosas y faltas de recursos no hubieran sido capaces de sobrevivir, reproducirse y prosperar durante nada menos que un millón de años. No, la especie de Lucy estaba tan perfectamente adaptada a su medio como lo están todas las demás especies que existen o han existido en el pasado. Pensar que las criaturas extinguidas eran seres imperfectos o defectuosos, y que por eso se extinguieron, es una forma de pensar no sólo antropocéntrica, sino sobre todo y fundamentalmente errónea.

-Querida, ¿te has puesto la crema reafirmante?
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