Translate

sábado, 23 de enero de 2016

LEONHARD EULER Y LA MATEMÁTICA MODERNA


Leonhard Euler, un suizo nacido en Basilea en 1707, puede considerarse no solo como el más brillante matemático del siglo XVIII, sino también uno de los más grandes de todos los tiempos, y por encima de todo, el iniciador de lo que puede llamarse la moderna matemática. Su notación y su forma de hacer no difieren ya de los usos de los matemáticos actuales. Euler inauguró un tiempo nuevo y unas nuevas maneras en su especialidad. Es el padre de la función y del análisis matemático. También destacó en geometría, mecánica, óptica y física. Fue un notable astrónomo, hasta el punto de merecer el honor de que un asteroide fuera bautizado con su nombre.
Se crió en una familia de rancia tradición calvinista (su padre, Paul Euler, era pastor de la Iglesia). La familia era amiga de los Bernoulli, célebre saga de científicos en la que destacó Johann Bernoulli, matemático prestigioso que ejerció gran influencia sobre el joven Euler.

A la muy precoz edad de trece años Euler ingresó en la Universidad de Basilea, doctorándose en filosofía, y adquiriendo profundos conocimientos de teología, griego y hebreo. Fue entonces cuando Johann Bernoulli descubrió su excepcional talento para las matemáticas, y le orientó por ese camino. Leonhard ganó en doce ocasiones el prestigioso premio de la Academia de las Ciencias francesa, lo que le granjeó una gran reputación. Marchó luego a San Petersburgo, en cuya Academia pasaría la mayor parte de su vida, trabajando junto a Daniel, hijo de su mentor Johann Bernoulli. Sus amplios conocimientos de fisiología le procuraron el nombramiento de médico de la Armada rusa. Gozó de gran prestigio en vida de Pedro I y de su viuda Catalina, pero a la muerte de esta última, cayó en desgracia como el resto de los científicos en Rusia, así que regresó a su Basilea natal, y poco más tarde a Berlín, donde gozó durante algún tiempo de la especial protección del emperador prusiano Federico II.

Regresó a Rusia en 1766, tras el ascenso al trono de Catalina la Grande. Allí pasaría el resto de su vida. Su salud se quebrantó seriamente, perdiendo la vista y siendo víctima de infinidad de achaques. Finalmente Leonhard Euler falleció en San Petersburgo, su ciudad adoptiva, en 1783. Sus restos reposan en el Monasterio de Alejandro Nevski, donde fueron trasladados en el siglo XX por las autoridades soviéticas. En su epitafio figura una frase del filósofo francés Nicolás de Condorcet: dejó de calcular y de vivir. Así concluyó la vida de este suizo-ruso universal cuyas contribuciones al desarrollo de la teoría y la práctica matemática resultan hoy impagables. El conjunto de su ingente obra ocupa entre 60 y 80 volúmenes. Su teoría de grafos se emplea en la moderna confección de mapas y planos, adaptándose perfectamente a los soportes informáticos, y sus avances en cálculo no han sido superados hasta la irrupción de la computación.
Podemos afirmar sin duda que Leonhard Euler fue el padre de la moderna ciencia matemática. Una mente adelantada a su época. Uno de los científicos más influyentes de la Historia.

Siento pasos, siento gente, siento quince y siento veinte.