Translate

lunes, 23 de mayo de 2016

ANTOINE DE LAVOISIER Y SU MAGNÍFICA CABEZA


Antoine Laurent de Lavoisier fue un parisino nacido en 1743, cuya contribución a la ciencia, y muy en particular a la química, le ha valido el título indisputado de padre de la química moderna. Estudió Ciencias Naturales y Derecho, y fue elegido miembro de la Academia de Ciencias en 1768. A los 28 años se casó con Marie Anne Pierrette Paulze, la hija de un acaudalado aristócrata, una belleza mítica en la Francia de su tiempo que, además de ser la musa de muchos artistas de la época, compartió con Antoine su pasión por la ciencia. Lavoisier investigaba y madame Lavoisier tomaba notas de forma infatigable y traducía del inglés las obras y escritos científicos que interesaban a los trabajos de su marido.

Lavoisier se dedicó a la fabricación de pólvora, unificó los pesos y medidas, y fue comisario del tesoro desde 1791. Introdujo importantes reformas en los métodos de producción agrícola y en el sistema tributario francés. Podemos considerar a Lavoisier como el iniciador de los sistemas fiscales democráticos, donde se tributa de forma progresiva, según el nivel de ingresos de cada ciudadano. En el laboratorio que dirigían los Lavoisier, el mejor equipado y más moderno de su época, se llevaron a cabo trabajos sobre la combustión. Sus experimentos demostraron de manera práctica la ley de conservación de la materia. También descubrieron la composición del agua. Lavoisier puso de relieve el papel del oxígeno en la respiración de animales y plantas, y se cuidó de forma especial de la estequiometría, pesando cuidadosamente los diferentes productos y reactivos que intervenían en las reacciones químicas, lo que resultó un avance crucial en el desarrollo de la química.


Fijó el concepto de elemento químico, y en colaboración con su colega Laplace, investigó en profundidad el fenómeno respiratorio, midiendo cuidadosamente la cantidad de dióxido de carbono producida en la respiración. Estudió la fermentación alcohólica, descubrió el ácido acético, y en fin, contribuyó al progreso de la química y las ciencias naturales como ningún otro hombre de su generación.


Lamentablemente, ni sus grandes méritos científicos, ni el unánime reconocimiento internacional que recibió por parte de la comunidad científica de su tiempo, sirvieron de nada. Durante el reinado del terror de la Primera República, Lavoisier fue arrestado. Su participación en el cobro de contribuciones fue decisiva para hacerle caer en desgracia. Al pronunciar su sentencia de muerte, el implacable juez apostilló: <<La república no precisa científicos ni químicos.>> Antoine Laurent de Lavoisier fue guillotinado en el mes floreal de 1794, cuando sólo tenía cincuenta años, y acaso hubiera podido dedicar otros veinte a sus investigaciones. Su cabeza, una de las más privilegiadas de la Historia científica, rodó desde la cuchilla al cesto sin que sirvieran de nada las protestas de sus amigos más influyentes, algunos de los cuales corrieron idéntica suerte en las semanas posteriores. Uno de los más ilustres, Joseph Louis Lagrange, exclamó: <<Ha bastado un instante para cortarle la cabeza, pero Francia necesitará un siglo para que aparezca otra que se le pueda comparar.>> Más de dos siglos después, aun siguen esperando.

Es muy peligroso tener razón cuando los que gobiernan están equivocados. Voltaire.