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viernes, 17 de junio de 2016

INSECTOS SEDUCTORES Y ESTRATEGIAS REPRODUCTIVAS



Una cena romántica. Luz tenue, música sugerente y un perfume irresistible. Este sería un escenario ideal para enamorar a cualquier potencial pareja. Pues bien, en el mundo de los insectos las cosas no son demasiado distintas. Los invertebrados adoptan estrategias reproductivas hasta cierto punto similares. Las señales sonoras emitidas por los insectos están generalmente destinadas a atraer la atención de su pareja en época de reproducción. Los cantos diurnos, crepusculares o nocturnos de los grillos, saltamontes y cigarras son bien conocidos, pero los insectos producen también sonidos inaudibles para el oído humano. Son emitidos por los machos para atraer a las hembras. Así, las minúsculas moscas de la familia Chloropidae, golpean los tallos de los juncos sobre los que viven, de modo que estas señales desencadenan una respuesta inmediata del otro sexo. Las señales acústicas emitidas por las especies próximas a estas moscas, han sido registradas y analizadas con un oscilógrafo, constatándose las grandes diferencias interespecíficas en altura y frecuencia.


Otras manifestaciones acústicas son las de las carcomas, coleópteros cuyas larvas viven entre nosotros, en los muebles, las vigas y los suelos de madera. También son dignos de mención los sonidos producidos por la vibración de las alas de las moscas Trichoceridae, cuyas hembras y machos están provistos de unos receptores situados sobre sus antenas, que les permiten distinguir a los sujetos del sexo opuesto dentro de las espesas nubes de individuos.


Es bien conocida la importancia del sentido del olfato en la búsqueda de pareja entre los Lepidópteros. Las hembras de numerosas especies segregan feromonas sexuales capaces de atraer a los machos desde varios kilómetros a la redonda. Las feromonas son específicas, y para garantizar esta especificidad, las especies emparentadas o aquellas que conviven juntas en un mismo hábitat, presentan sutiles diferencias en su composición. La fórmula química de algunas de ellas se conoce, e incluso se han sintetizado las de aquellas especies que juegan un papel importante como plagas agrícolas, con el fin de confundir a los machos y evitar la reproducción. La feromona de la hembra no solo sirve para atraer al macho; se conocen también varias especies depredadoras y parásitas capaces de percibir las de sus presas o víctimas potenciales. Así, las Tachinidae (moscas) y las Braconidae (avispas) parásitas pueden detectar las feromonas de las Ipidae, y no tienen dificultad para encontrarlas y poner sus huevos en sus cuerpos o en sus nidos.


Algunas especies poseen la facultad de volverse invisibles para sus enemigos o de ahuyentarlos. En el primer caso la coloración del insecto se asemeja a la del medio que habita (camuflaje o coloración críptica). Esta adaptación es muy frecuente en algunos Geometridae (mariposas) y en otros grupos. El mimetismo es también un eficaz medio de defensa: así algunas orugas se confunden con trozos de pequeñas ramas, otros insectos imitan hojas y otros elementos de la vegetación. Algunas especies como numerosos Coleópteros Cerambícidos y moscas de los Sírfidos presentan la misma coloración de algunos peligrosos insectos como las avispas. Los colores y dibujos de advertencia, llamados aposemáticos existen en ciertas mariposas en forma de “ojos” presentes en sus alas. Evocan los de algunas aves rapaces (búhos) y sirven para alejar a las aves insectívoras. También determinadas composiciones de formas y colores ejercen atracción sobre el sexo opuesto, a la manera de las colas de los pavos reales y otros elementos visuales de cortejo.


Por último, una suculenta cena servirá de anzuelo para atrapar pareja. En muchas especies de invertebrados el macho ofrece a la hembra una presa recién capturada como invitación a la cópula. Y de todos es conocida la estrategia suicida del macho de la mantis religiosa, que se ofrece a si mismo como alimento a la hembra. La mantis devora al macho durante el apareamiento, obteniendo el difunto a cambio la oportunidad de perpetuar sus genes. Sublime sacrificio y meritoria autoinmolación.

En las bodas todos los invitados están contentos, porque no son los directamente afectados. Mark Twain.