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martes, 14 de junio de 2016

NICOLÁS COPÉRNICO. HELIOCENTRISMO Y PRUDENCIA


Nacido en 1473 en la Prusia oriental (actual Polonia), Nicolás Copérnico fue lo que se dice un completo sabio renacentista, estudioso de todas las ciencias y las artes de su tiempo. Copérnico fue sacerdote católico, canónigo de la catedral de Frauenburg. Fue además matemático, físico, jurista, diplomático y economista. Menos conocida es su faceta militar, pero también destacó en la milicia, como no podía ser menos tratándose de un prusiano. La astronomía fue para él una especie de hobby, una diversión a la que acudía en sus escasos ratos de ocio. Bien, pues a pesar de todo, Copérnico ha pasado a la Historia de la ciencia fundamentalmente como astrónomo. Es nada menos que el principal introductor del sistema heliocéntrico. En aquel tiempo se llamó “teoría”, y aun hoy hay quienes dicen y escriben teoría heliocéntrica. Nosotros preferimos reservar el concepto de lo teórico, para las hipótesis que aun no han podido ser demostradas. En el caso del heliocentrismo, como en el de la evolución de las especies, sobra lo de teoría, puesto que se trata de hechos probados y patentes.

Claro está que en la época de Copérnico había que tentarse la ropa antes de hacer públicas ciertas ideas que entonces podían ser consideradas heréticas o escandalosas. Téngase en cuenta que el modelo geocéntrico imperante hasta el Renacimiento, no solo era generalmente admitido, sino que además “funcionaba”, en el sentido de que, pese a su error de base, explicaba a la perfección fenómenos tales como el sucederse de las estaciones y los ciclos lunares. El calendario que empleamos actualmente se fundamenta en el viejo modelo geocéntrico. En los albores del siglo XVI, afirmar públicamente que la Tierra gira alrededor del Sol, resultaba muy arriesgado y a cualquiera podía costar un disgusto, como le ocurrió años después de Copérnico, al bueno de Galileo.


Así que, como Nicolás Copérnico era un tipo muy prudente, tuvo buen cuidado de mantener sus hallazgos en un discreto y silencioso segundo plano. No fue hasta 1543, cuando contaba setenta años y se sintió próximo a la muerte, que se decidió a dar el paso y publicar sus trabajos. En eso tampoco erró el cálculo, pues falleció antes de la publicación, sin que tuviera tiempo de sufrir las consecuencias sociales y judiciales de su atrevimiento. La obra de Copérnico fue inmediatamente incluida en el índice de libros prohibidos, y sus revolucionarias ideas fueron tachadas de heréticas. El heliocentrismo no fue admitido hasta unas cuantas décadas más tarde. Ya se ve que en este punto Copérnico resultó ser un hombre extremadamente prudente. Su obra inmortal titulada De revolutionibus orbium coelestium, fue escrita entre 1507 y 1532. La imprimió en 1543 Andreas Osiander, unos meses después del fallecimiento de su autor. Copérnico debe mucho a Aristarco de Samos, el primero que concibió la teoría heliocéntrica (haced clic aquí para enlazar con el artículo que le dedicamos), y a quien curiosamente, el polaco no mencionó en ninguna parte de su obra.

Bueno pues ya veis. Nicolás Copérnico fue un sabio de tomo y lomo, pero también un tipo prudente que no quiso tener problemas con la autoridad. Habrá quien le tache de cobarde. Nosotros nos libraremos muy mucho de juzgarle. Tened presente que eran tiempos difíciles en los que cualquier opinión heterodoxa podía conducir a la prisión y hasta a la hoguera con un poco de mala suerte. Quedémonos pues con la admirable obra del sabio, y abstengámonos de juzgar al hombre.

No discutas con un superior. Corres el riesgo de tener razón.