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lunes, 20 de junio de 2016

ROGER BACON. ESPEJO DE ALQUIMIA


Roger Bacon nació en la localidad inglesa de Ilchester, Somerset, hacia 1220. Estudió primero en Oxford, y viajó después a París, donde se reunía entonces lo más granado de la intelectualidad europea. De regreso en Oxford, y tras completar sus estudios, profesó en la orden franciscana. Bacon trabó fuertes lazos de amistad con Alejandro de Hales, hermano de su misma orden, y junto a él lideró la disputa teológica que sostenían en el siglo XIII con sus rivales dominicos capitaneados por Tomás de Aquino y Alberto Magno. Corrían malos tiempos para los hermanos menores de San Francisco, que en el terreno intelectual fueron derrotados en toda regla, tanto en Roma, como en el resto de la cristiandad. Así que nuestro hombre, harto de retórica teológica, se concentró en la ciencia.

Lo hizo sobre todo a través del estudio de Aristóteles, que en su época era considerado el mayor sabio de todos los tiempos. Para ello lo tradujo personalmente del griego, ignorando las traducciones al latín desde el árabe, que entonces eran las que circulaban mayoritariamente en los centros de estudio occidentales. Roger Bacon se convirtió así en un erudito y en un entusiasta de la investigación experimental, destacando por encima de otras disciplinas, en la alquimia, antecedente medieval de la química moderna. Bacon está considerado como el primer maestro en esta disciplina, y como el resto de sus practicantes, adquirió ya en vida, pero sobre todo después de su muerte, fama de nigromante. A partir de 1256, mantuvo agrias disputas con Richard de Cornwell, que desde esa fecha fue designado como cabeza de la rama científica entre los franciscanos. Postergado incluso dentro de su propia orden, Roger Bacon fue trasladado a Francia, donde llevó una vida aislada y solitaria.

En Biblioteca Bigotini tenemos el placer de brindar a nuestros fieles seguidores una versión digital abreviada de su opúsculo Speculum alchemiae, un brillante espejo en el que se miraron varias generaciones de alquimistas que le sucedieron. Se trata de una obra tan admirada por sus seguidores, como repudiada por sus detractores, hasta el punto de que el término especular, que se usa en ciencia a veces con un matiz de desconfiado escepticismo, proviene precisamente del speculum de Bacon. Haced clic en la imagen, miraos en el reflejo de este pulido espejo, y juzgad por vosotros mismos.

Si la verdad es nuestro más preciado tesoro, haremos bien en economizarla. Mark Twain.