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lunes, 15 de agosto de 2016

GONZALO DE BERCEO Y EL NACIMIENTO DEL CASTELLANO

 

Quiero fer una prosa en román paladino,
en cual suele el pueblo fablar con so vezino;
ca non so tan letrado por fer otro latino,
bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino.

Así de bien sonaban los primeros balbuceos de la lengua romance peninsular por excelencia: el castellano. Así se expresaba ya el pueblo llano en la Castilla medieval, así fablaba con su vezino. También se expresaba así un monje riojano nacido en las postrimerías del siglo XII (probablemente en 1198) en un lugar cercano a Berceo llamado Madrid o Madriz, que nada tiene en común, salvo el nombre, con el Madrid más célebre.

Los escasos datos biográficos que poseemos de Gonzalo de Berceo los aportó él mismo en el comienzo de su Vida de San Millán de la Cogolla. Era Madrid una pequeña aldea próxima a San Millán, orilla del río Cárdenas. Cuando niño se crió en San Millán de Suso, primero fue diácono, y en 1237 adquirió la condición de preste (presbítero). Ejerció luego el magisterio entre los novicios, y alcanzó finalmente el empleo de notario (secretario) del abad Juan Sánchez. No tuvo lo que se dice una carrera brillante. Berceo no pasó de ser un clérigo del montón, pero eso sí, un clérigo capaz de leer y escribir con soltura, a diferencia probablemente del venerable abad, que por ser iletrado necesitaba un secretario. En su ausencia del monasterio, tuvo la suerte de formarse en los Estudios Generales de Palencia, primer antecedente medieval de lo que luego serían las universidades. Allí debió estudiar el cuatrivium (teología, derecho, lógica y gramática). Y bien lo aprovecho nuestro Gonzalo de Berceo, porque por méritos propios se hizo con un lugar en la Historia de nuestra literatura. Y no un lugar cualquiera, sino el primer lugar, puesto que Berceo es no sólo el principal exponente del llamado mester de clerecía, sino que es además el primer autor que escribe y firma sus obras en castellano.


Es el de Berceo un castellano primitivo, tosco y encantador. Es propiamente la variedad dialectal riojana del castellano antiguo, salpicada de cultismos latinos, trazos de galáico-portugués, términos aragoneses y hasta expresiones vascuences. Una verdadera joya.
De esta preciosa joya de nuestro idioma aun incipiente, Biblioteca Bigotini tiene hoy el placer y el honor de poneros al alcance de un clic (hacedlo sobre la portada) una magnífica versión digital de los Milagros de nuestra Señora, la obra más emblemática de su autor, donde Berceo introdujo elementos del estilo juglaresco (mester de juglaría). Se trata de una serie de episodios, narrados a manera de cuentos, acaso influidos por cierta literatura oriental llegada a nuestro suelo a través de la tradición mozárabe. Son en su conjunto historias muy simples, de una inocencia casi pueril que resulta tierna y por momentos, emocionante. La versión que traemos se toma de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Recrearos pues con los milagritos de Berceo, y con el sutil encanto de un idioma aun en pañales.

Todos quantos vevimos, que en piedes andamos, todos somos romeros que camino pasamos.