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sábado, 10 de septiembre de 2016

EL CINE FAMILIAR Y LOS NIÑOS PRODIGIO




Básicamente un niño prodigio es alguien que sabe lo mismo de niño que de adulto. Lo de los niños prodigio no fue un nuevo fenómeno de los treinta y los cuarenta. Ya en la primera etapa muda, la pandilla de traviesos chiquillos callejeros había producido ríos de dólares. Y es que en Hollywood siempre está todo inventado. Cierto es que la aplicación estricta, y por algunas productoras incluso entusiasta, del nuevo código moral, trajo consigo el auge de películas familiares. Un cierto aire de mojigatería impregnó la industria cinematográfica.
Cada firma quería tener su propio niño encantador en plantilla. Algunos como Mickey Rooney o la misma Judy Garland prolongaron su etapa juvenil hasta edades casi provectas. Otros talentos, como los niños Cooper o Bartholomew, fueron mucho más efímeros. Pero en materia de niños prodigio, Shirley Temple se lleva la palma. No sólo actuaba, sino que cantaba y bailaba como una profesional. Una verdadera mina de oro, vamos. Según confesó ella misma años más tarde, dejó de creer en Santa Claus, cuando una vez que se sentó en sus rodillas, el vejete se quitó la barba postiza y le pidió un autógrafo. Y es que la pequeña Shirley arrasó literalmente.
Haced clic en su imagen para visionar una brevísima escena musical correspondiente a una de sus primeras películas. Los productores y directores también la adoraban, porque con ella ante las cámaras casi nunca debía repetirse una toma. Todo un prodigio.

Próxima entrega: Yo Tarzan