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sábado, 17 de septiembre de 2016

IBN AL-NAFIS. UN PRECURSOR EN EL ISLAM


En anteriores entregas de nuestra serie protagonistas de la ciencia dedicadas a Miguel Servet y William Harvey (haced clic en sus nombres para enlazar), tratamos el descubrimiento de la circulación menor o pulmonar de la sangre, que se ha atribuido a ambos. Pues bien, el verdadero mérito lo tiene en realidad Ibn Al-Nafis, médico sirio nacido hacia 1210 en Damasco. Su nombre completo era Ala-as-din abu al-Hassan Ali ibn Abi-Hazm al-Qarshi al-Dimashqi, galimatías casi irreproducible para los occidentales. Además de estudiar medicina, Al-Nafis adquirió conocimientos de teología, jurisprudencia y literatura. Comenzó a ejercer como médico en su Damasco natal, para trasladarse después a Egipto, donde dirigió dos hospitales y fue nombrado médico personal del sultán.


Ibn Al-Nafis escribió un comentario a Avicena donde hacía diferentes observaciones sobre anatomía y fisiología. Fue en este texto donde, refutando la extendida opinión de Galeno, Al-Nafis describió, apoyándose en su propia experiencia, la circulación pulmonar que consigue la oxigenación de la sangre para volver a incorporarse al circuito arterial. Ahora bien, este escrito debió tener muy escasa difusión, perdiéndose su conocimiento al menos en Europa. Tuvieron que transcurrir casi ocho siglos hasta que en 1924, un médico y erudito egipcio rescató el manuscrito en una biblioteca universitaria de Berlín. Así que ni nuestro paisano Servet ni el inglés Harvey obraron de mala fe. Simplemente Servet fue el primero en dar a la imprenta la evidencia de lo que ya iban intuyendo muchos anatomistas del Renacimiento, y años después Harvey realizó una descripción detallada con sólidas bases fisiológicas de la circulación pulmonar.

No obstante, a Ibn Al-Nafis corresponde el mérito y la primicia del descubrimiento. Vaya el homenaje y el reconocimiento que desde este modesto foro hacemos a su memoria.

Perdona siempre a tu enemigo. No hay nada que le enfurezca más. Oscar Wilde.