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lunes, 12 de diciembre de 2016

EL ARTE DEL BIEN MORIR. ESCATOLOGÍA BAJOMEDIEVAL


Ars Moriendi es el texto de autor anónimo que hoy os ofrece Biblioteca Bigotini.
En nuestra época contemporánea, prácticamente desde finales del siglo XVIII, la búsqueda de la felicidad es uno de los objetivos, diríamos que el principal, de la existencia humana. Como somos producto de nuestro tiempo, esto nos parece de lo más natural, sin embargo, no siempre fue así. En épocas pretéritas, en que las condiciones de vida eran mucho más duras que las actuales, cuando no manifiestamente horribles, el sentimiento religioso estaba mucho más arraigado en la conciencia de nuestros antepasados. La vida se contemplaba como un tránsito, un camino hacia la muerte. Un camino a la vida eterna para los creyentes que en las sociedades antiguas constituían abrumadora mayoría. Téngase en cuenta, que a falta de las certezas científicas que ahora poseemos, la religión no solo era consuelo espiritual, sino en buena medida, alimento del intelecto. A falta de respuestas racionales, la fe satisfacía las eternas preguntas que se ha planteado el hombre desde que adquirió capacidad de raciocinio.


El cielo era la recompensa de los buenos, mientras que los malos estaban condenados al fuego eterno. Ante semejante perspectiva, morir santamente constituía para el cristiano un asunto de vital importancia. ¿Basta el arrepentimiento en el lecho de muerte para hacerse acreedor a la bienaventuranza? Los teólogos discutían este punto con gran vehemencia. Y es que la cosa no es nada sencilla. Por una parte está la infinita misericordia del Padre: hay mayor fiesta en el cielo por un pecador arrepentido, que por cien justos, nos asegura la narración evangélica. Por otra parte, como apuntaban con acierto muchos reformadores y no pocos papistas, llevar una vida disipada y pecadora para arrepentirse en el último instante, es jugar sucio. La parábola del hijo pródigo no puede servir de coartada a una legión de caraduras entregados al servicio del diablo durante toda su existencia, que han planeado abandonar el lado oscuro al rendir su último aliento… Luego están los matices ¿El arrepentimiento es sincero? ¿Cómo se mide el grado de sinceridad? En fin, ya veis que no es asunto baladí ni fácil de juzgar. La obra que os presentamos fue en cierta forma la respuesta de la Iglesia a las inquietudes que la terrible peste negra causaba entre los cristianos. Es en esencia, una guía para prepararse a morir, un manual si se quiere, el GPS protorenacentista que conduce al creyente hasta el Paraíso.


Los textos latinos que componen este Ars Moriendi fueron escritos probablemente entre 1415 y 1450, y se dividen en seis capítulos. Los expertos atribuyen la primera paternidad de la obra a un fraile dominico anónimo, al parecer por encargo del Concilio de Constanza, celebrado en esa ciudad alemana en 1414 y los años siguientes. Conviene situar la obra en su contexto histórico: la Europa cristiana de principios del siglo XV, con la peste negra diezmando a los habitantes de las ciudades. Su mayor difusión coincide con los primeros trabajos de imprenta realizados con tipos móviles, a fines de aquella centuria. De esta primera versión se hicieron cien ediciones, sobre todo en su Alemania natal, aunque donde alcanzó quizá mayor popularidad fue en Inglaterra. En las islas fue todo un best seller hasta bien entrado el XVII. Se conservan cerca de trescientos ejemplares manuscritos, de los cuales sólo uno está ilustrado (iluminado es el término que solía usarse).

Una versión más reducida, que se centra en el segundo capítulo y resume las cinco grandes tentaciones que asaltan al moribundo, a saber: falta de fe, desesperación, impaciencia, orgullo y codicia, fue escrita hacia 1450 y vio la luz diez años después en los Países Bajos. Contiene once primorosos grabados, alguno de los cuales reproducimos aquí. De esta segunda versión existen seis manuscritos y más de veinte ediciones impresas mediante la primitiva xilografía que precedió a la imprenta de Gutemberg. El Ars Moriendi engendró una rica tradición literaria que se prolongó hasta el Renacimiento y el Barroco, con contenidos cada vez más matizados, complejos e interesantes. Incluso resucitó durante el Romanticismo, movimiento proclive a todo lo macabro y tenebroso que procediera de los oscuros tiempos medievales.

Biblioteca Bigotini se complace en ofrecer a sus fieles lectores un magnífico resumen digital, según una breve guía editada en fecha tan tardía como el siglo XVIII. Haced clic en la ilustración para acceder a este Arte de bien morir y breve confessionario que sometemos a vuestro juicio. Bon profit y cuidadito...

Quien pretenda hallar el Cielo en la Tierra es que se durmió en clase de geografía.