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martes, 14 de febrero de 2017

JOHANNES KEPLER, EL ASTRÓNOMO CIEGO


Johannes Kepler nació en el ducado alemán de Baden-Wurtemberg el año de 1571. Fue el hijo de un soldado y una curandera. Johannes era un niño de salud frágil. Nació prematuramente, y en su primera infancia contrajo la viruela. La enfermedad le afectó seriamente la vista, que fue muy deficiente durante el resto de su vida. Pues bien, a pesar de ello, Kepler es uno de los astrónomos más importantes de la historia de la ciencia, lo que habla en favor de su gran tesón y espíritu de superación. Desde muy niño destacó en las matemáticas. A los cinco años le fascinó la observación de un cometa, y a los seis ingresó en la escuela latina, donde sobresalió como estudiante brillante. Quedó huérfano de padre siendo muy joven, tuvo que abandonar temporalmente sus estudios para ganarse la vida como jornalero, pero finalmente su gran talento le permitió encontrar protectores para proseguir su formación en la Universidad de Tubinga, donde estudió ética, retórica, dialéctica, griego, hebreo, física y astronomía.

Kepler y Brahe
Conseguido el doctorado, Kepler ejerció como profesor de matemáticas en Graz, donde publicó sus primeros almanaques, declarándose desde sus comienzos un convencido partidario del sistema heliocéntrico, en contra del geocentrismo entonces imperante. Por su condición de luterano se vio obligado a abandonar Austria, exiliándose en Praga, donde colaboró estrechamente con Tycho Brahe. A la muerte de este, Kepler le sustituyó como consejero del emperador Rodolfo II. En el plano privado, nuestro hombre no perdió el tiempo, pues aunque de algunos testimonios se desprende que no tenía demasiadas simpatías por las mujeres, se casó dos veces y tuvo una docena de hijos con sus dos esposas. En 1615 otra complicación familiar vino a turbar su labor científica, pues tuvo que hacerse cargo de la defensa de su madre acusada de brujería. El cargo en esos tiempos no era ninguna tontería, pues las hogueras se encendían por doquier. El proceso duró seis largos años, y aunque finalmente su madre fue liberada, murió a los pocos meses debilitada por su prolongado encarcelamiento.


Kepler volvió a encontrar mecenas en la persona de Albrecht von Wallenstein, figura clave de la política europea durante la Guerra de los Treinta Años. Los frecuentes cambios de bando de su protector le obligaron a sufrir diversos vaivenes y mudanzas en el último periodo de su vida, que concluyó en Regensbourg (Ratisbona) a la edad de 58 años. Dos años después las tropas suecas saquearon la ciudad y hasta la misma tumba del científico, perdiéndose sus trabajos hasta que más de un siglo después, en 1773, fueron recuperados por Catalina la Grande. Actualmente se conservan en el Observatorio de Pulkovo en San Petersburgo.

En materia astronómica el más importante legado de Johannes Kepler es sin duda la formulación de sus tres leyes sobre el movimiento de los planetas, también llamadas Leyes de Kepler, que se enuncian como sigue:

Primera ley: Los planetas orbitan describiendo elipses alrededor del Sol, estando éste situado en uno de los dos focos que contiene la elipse.


Segunda ley: Las áreas barridas por los radios de los planetas son proporcionales al tiempo empleado por estos en recorrer el perímetro de dichas áreas.

Tercera ley: El cuadrado de los periodos de la órbita de los planetas es proporcional al cubo de su distancia promedio al Sol.


Esta tercera ley, llamada también ley armónica, permite predecir los movimientos de los astros, pudiendo anunciarse con gran antelación y exactitud fenómenos tales como los eclipses.
Por si todos estos méritos fueran pocos, Johannes Kepler añade a su brillante trayectoria la guinda de ser el primer ser humano que observó una supernova, lo cual no es moco de pavo sobre todo para un tipo medio ciego como él. Desde aquí nuestro modesto tributo de admiración.

Estoy convencido de que en un principio Dios hizo un mundo distinto para cada hombre, y que es en ese mundo, que está dentro de nosotros mismos, donde deberíamos intentar vivir. Oscar Wilde.